miércoles, 19 de marzo de 2014
Capitulo 78 ♥
Intento librarme de sus dedos a la fuerza, pero es inútil. Después de
que Matias me pidiera que volviera con él y del discurso que vino a
continuación para que lo perdonara y explicarme la situación de mierda en
general, no sería justo por mi parte que se lo restregara por las narices.
—Te lo he dicho, Paula, pasaré por encima de quien haga falta —me
advierte mirando directamente a James con el rostro impasible pero lleno
de determinación. No deja de apretarme la mano sin piedad.
Intento frenarlo para que me dé tiempo a soltarme y así evitar el
desastre inminente: que James me vea de la mano de otro hombre. No me
gusta hacer sufrir a nadie porque sí, y esto es totalmente porque sí. Matias ya
se siente bastante mal, no necesita que le confirmen lo que Kate le dijo
para cabrearlo.
Sigo luchando por librarme de Pedro, que continúa comportándose
como un capullo integral. Me está arrastrando, literalmente, hacia James,
que dentro de pocos segundos levantará la vista del móvil y me verá. A lo
mejor no lo hace. A lo mejor pasamos junto a él sin que me vea y ya está.
Eso espero, porque me va a ser imposible deshacerme de Pedro, y es aún
más imposible que se comporte como un ser racional y me suelte.
Nos acercamos y decido dejar de resistirme y de llamar la atención.
James está absorto en su móvil y cada paso que damos hacia él parece
menos probable que vaya a levantar la vista. Mentalmente, le dedico a
Pedro una retahíla de insultos bastante explícitos y tiro de la mano para
enfatizar mi enfado, pero él se limita a mirar hacia adelante y a seguir
caminando con decisión.
—Pasaré por encima —gruñe.
En cuanto pasamos al lado de James por la acera me relajo. Ya casi lo
hemos dejado atrás. Pero entonces Pedro abre la boca:
—¿Tienes hora?
«¡¿Qué?!»
¡Este cabrón es imbécil! Me toca quedarme ahí de pie, inmóvil
delante de James, de la mano de Pedro y muriéndome por dentro. Quiero
recordarle que lleva un Rolex estupendo y nada discreto en la muñeca, o
levantarle el brazo y decirle que mire la hora él solito. Es un cerdo
egocéntrico, irracional y sin principios.
—Sí, son las... ¿Paula? —James me mira con el ceño fruncido a más no
poder.Mi cerebro ha sufrido un cortocircuito intentando encontrar las
palabras adecuadas que enviar a mi boca.
—James. —Es lo único que se me ocurre.
El amigo de Matias parece estar en un partido de tenis: su mirada va de
Pedro a mí, de mí a Pedro y así sucesivamente.
—Eeeeh... ¿Estás bien?
—Sí —digo con un gritito agudo.
Me mira mal, cosa que tiene narices, teniendo en cuenta que él era la
mano derecha de Matias en todas sus aventuras. No sé por qué le doy tanta
importancia. Después de todo lo que ha hecho, ¿qué me importa si le
confirman que estoy saliendo con otro? Ahora sólo estoy cabreada con
Pedro por decidir por su cuenta cómo tienen que ser las cosas.
—¿La hora? —le recuerda Pedro.
Espero ser la única que nota la hostilidad que desprende.
James lo mira de arriba abajo y ve el Rolex. Le suplico mentalmente
que le diga qué hora es y que no pinche a la serpiente de cascabel. Su
amigo puede ser tan chulito como Matias, y hacer enfadar a Pedro sería un
gran error.
—Sí. —Baja la vista al móvil—. Son las dos menos diez, amigo.
Pedro no le da las gracias, sino que me suelta la mano, me rodea los
hombros con el brazo, me atrae hacia sí y me planta los labios
cariñosamente en la sien. Lo miro y sacudo la cabeza, atónita. Está pasando
por encima de quien haga falta. Tiene el pecho hinchado y erguido y le
falta poco para golpeárselo con los puños. Ya puestos, que me mee en el
tobillo, también.
James nos mira con los ojos como platos y Pedro decide que nos
vamos. Me ha dejado sin habla. Acaba de decirme que lo nuestro es follar y
poco más y ahora le da por marcar el territorio. Todo esto me tiene muy
confusa. Si tuviera valor, se lo preguntaría directamente. Pero me da miedo
lo que podría contestar. Estas aguas superficiales son más difíciles de
navegar cuanto más tiempo paso con él.
Nos acercamos a mi oficina, se detiene y me empuja con cuidado
contra la pared con el cuerpo. Baja la cabeza hacia la mía y su aliento
cálido y mentolado me calienta las mejillas.
—¿Por qué no quieres que tu ex sepa que estás follando con otro?
Ahí está otra vez. ¡Follando!
—Por nada. Sólo que no es necesario —digo con calma.
Me coge de la muñeca para apartarme la mano del pelo.
—Ahora dime la verdad —exige con dulzura. ¿Cómo se ha dado
cuenta de mi mala costumbre tan rápido? Mi madre, mi padre y mi
hermano me conocen de toda la vida, y Kate desde secundaria. Se han
ganado su derecho a conocer mi secreto—. Contéstame, Paula.
—Me pidió que volviera con él. —Bajo la mirada, no puedo mirarlo a
los ojos. No debería importarme. Al fin y al cabo, con él sólo estoy
follando.
—¿Cuándo? —Las palabras chocan contra sus dientes apretados.
—Hace semanas.
La mano que me sujeta la muñeca aprieta con más fuerza cuando
flexiono los músculos para llevarme los dedos al pelo. Mentir se me da de
pena.
Me levanta la barbilla con la mano que tiene libre y me obliga a
mirarlo. No me siento cómoda con la oscuridad que arde en sus ojos.
—¿Cuándo?
—El martes pasado —susurro.
Entrecierra los ojos y empieza a morderse con rabia el labio inferior.
¿En qué estará pensando?
—Él era el asunto importante, ¿verdad?
«Huy.» Va a entrar en erupción. Veo que su pecho sube y baja,
despacio y bajo control. No estoy asustada, sé que no va a hacerme daño.
Ya he visto esta reacción y los subsiguientes métodos preventivos para
minimizar los cardenales en mi trasero, pero tiene una forma muy intensa
de ver las cosas y de reaccionar.
—Sí —reconozco con tranquilidad. Noto el aire gélido que emana de
él al oír mi respuesta—. Tengo que volver al trabajo —añado. Tengo que
salir de aquí.
Me clava la mirada.
—No volverás a verlo. —Es otra orden.
Esta hora de la comida me ha abierto los ojos pero bien. Quiere tener
un control total sobre mí y mi opinión no cuenta. Para nada. ¿Es esto lo que
quiero? Mi cabeza es un remolino de dudas y sentimientos. ¿Por qué he
tenido que enamorarme del hombre más controlador, irracional, exigente y
difícil del universo?
Espero pacientemente a que me suelte. No sé qué decir. ¿Espera que le
confirme que voy a obedecerlo? ¿Debería ceder? No es probable que
vuelva a ver a Matias, no después de la escena que me montó, pero ¿debería
darle mi palabra a un hombre al que, por lo visto, sólo me estoy follando?
Me observa atentamente durante un buen rato antes de que su frente
toque la mía y sus labios se deslicen hacia arriba, contra mi ceño.
—Ve a trabajar, Paula. —Retrocede.
Me voy. Lo dejo en la acera y entro en la oficina todo lo rápido que
me permiten mis piernas temblorosas.
GRACIAS POR LEER! =)
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Wowwwwwww, qué intensos. Espero que Pau lo deje (sólo x un tiempito) para q aprenda y baje un cambio.
ResponderEliminaraiaiaiaiyyy ! este ¨Pedro mandón jajajajajaj
ResponderEliminarhay dios este pedro !!!!!!!
ResponderEliminarWow que intenso,que denso es pedro!!!
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