jueves, 13 de marzo de 2014

Capitulo 64 ♥



Después de soltarme una charla sobre la irresponsabilidad, la doctora

Monroe, nuestra doctora de toda la vida, me receta los anticonceptivos y

me manda a casa, no sin antes preguntarme cómo les va a mis padres en

Newquay. Como la razón principal para que se marcharan de la gran ciudad

fue la salud de mi padre, se alegra de saber que todo va bien.

Paro en la farmacia de camino a casa y llego a la puerta justo antes de

las seis. Es estupendo llegar a casa tan pronto para variar. Me sorprende

que Kate no esté, pero veo a Margo aparcada fuera, así que no está

repartiendo tartas.

Me doy una ducha, me pongo unos pantalones cortos y una camiseta

de tirantes y me seco el pelo con el secador. Cuando termino, saco el

teléfono del bolso y pongo los ojos en blanco al ver las veinte llamadas

perdidas. En un arranque de sensatez, borro los cinco mensajes que hay sin

leerlos. De pronto el móvil empieza a iluminarse en mi mano mientras me

dirijo a la cocina. ¿Es que este hombre no se cansa? Se nota que no está

acostumbrado a que lo rechacen, y está claro que no le gusta.

Me sirvo una copa de vino y la golpeo con la botella a causa del

respingo que doy al oír un fuerte golpe en la puerta de casa.

—¡Paula!

—Ay, Dios —mascullo.

—¡Paula! —ruge al tiempo que vuelve a golpear la puerta.

Cruzo a toda prisa el salón para atisbar a través de la persiana y veo a

Pedro mirando fijamente hacia la ventana. Está muy agitado. Pero ¿qué le

pasa a este hombre? Puede quedarse ahí fuera toda la noche si quiere

porque no pienso abrirle. Colocarme frente a él, cara a cara, sería todo un

error. Se lleva el móvil a la oreja y el mío empieza a sonar una vez más.

Rechazo la llamada y lo observo mientras mira su teléfono con

incredulidad.

—¡Paula! ¡Abre la puta puerta!

—No —replico, y veo que recorre el camino hasta la carretera. Casi

me da un infarto al ver llegar a Sam en su Porsche. Kate baja de él.

«¡Mierda!»

Se acerca a Pedro, que no para de hacer aspavientos con los brazos

como un loco. Sam se une a ellos en la acera y le da unas palmaditas el

hombro para ofrecerle consuelo. Hablan durante unos instantes y Kate se

dirige hacia la puerta de casa seguida por los dos hombres.

—¡No, Kate! —le grito a la ventana—. ¡Joder, joder, joder, joder!

Se acabó, ¡nuestra amistad se ha terminado!

Me quedo ahí plantada en el salón. Oigo que la puerta se abre y golpea

la pared, y después unos pasos decididos que suben a toda prisa por la

escalera. Pedro entra de inmediato como un rayo en el salón. La ira de su

rostro se torna en alivio durante unos instantes, pero luego se transforma

de nuevo en furia absoluta. Su traje gris está perfectamente planchado y

aseado, a diferencia de su pelo desaliñado y su frente sudorosa.

—¿Dónde COJONES has estado? —me grita tan fuerte que siento,

literalmente hablando, su aliento en las orejas—. ¡Casi me vuelvo loco!

«No hace falta que lo jures.»

Me quedo de pie mirándolo, completamente estupefacta. No sé qué

decir. ¿De verdad cree que le debo explicaciones? Kate y Sam entran detrás

de él, callados y nerviosos. Miro a Kate y sacudo la cabeza. Me muero por

preguntarle si «este» Pedro también le gusta.

—Nosotros nos vamos al The Cock a tomar algo —anuncia Sam con

voz serena, y coge a Kate de la mano y se la lleva escaleras abajo. Ella no

hace nada por detenerlo. Se marchan y yo maldigo para mis adentros a esos

gallinas por dejarme a solas con este pirado.

Inspira profundamente unas cuantas veces para calmarse. Mira al

techo con gesto de cansancio antes de volver a clavar su abrasadora mirada

en la mía y llegar con ella hasta lo más profundo de mi ser.

—¿Es que necesitas un recordatorio?

Se me ha abierto tanto la boca que debe de haber llegado hasta la

moqueta. Definitivamente, para él todo se reduce al sexo. Tiene una

seguridad en sí mismo pasmosa y la opinión que posee de mí es

inexcusable.

—¡No! —le grito mientras paso delante de él rápidamente en

dirección a la cocina. ¡Necesito ese trago! Me sigue y se queda mirándome

mientras tiro el móvil contra la encimera y cojo la botella de vino—. ¡Eres

un cabrón! —bramo mientras me sirvo el vino con las manos temblorosas.

Estoy cabreadísima. Me vuelvo y le lanzo la peor de mis miradas. Parece

afectarle ligeramente, lo cual me llena de satisfacción—. Ya has

conseguido lo que querías. Igual que yo. Dejemos ya esta mierda —le

espeto.

Yo no he conseguido lo que quería, ni lo más mínimo, pero hago caso

omiso de la voz que me lo recuerda a gritos desde mi interior. Tengo que

parar esto antes de que la intensidad de Pedro Alfonso me arrastre aún más.

—¡Esa puta boca! —me grita—. ¿De qué estás hablando? Yo no he

conseguido lo que quería.

—¿Quieres más? —Doy un sorbo rápido al vino—. Bueno, pues yo

no, así que deja de perseguirme, Pedro. ¡Y deja de gritarme! —Trato de

sonar cruel, pero me temo que sólo he conseguido sonar patética. Algo

tiene que funcionar. Doy otro gran trago al vino y me sobresalto cuando la

copa desaparece de mi mano y se estrella contra la pila. Hago una mueca

de dolor al oír el ruido del cristal haciéndose añicos.

—¡No hace falta que bebas como si tuvieras quince años! —me chilla.

Mantengo los puños cerrados a ambos lados de mi cuerpo e intento

calmarme recurriendo a toda mi fuerza de voluntad.

—¡Lárgate! —le grito.

Mis intentos están fracasando por completo. Mi desesperación va en

aumento.

Me encojo al oírlo rugir de frustración y golpear la puerta de la cocina

con tal fuerza que deja una marca enorme en la madera.

«¡Mierda, mierda!» Me quedo inmóvil, con los ojos como platos y la

boca bien cerrada, al ver su feroz reacción a mi rechazo. Se vuelve hacia

mí sacudiendo un poco la mano y sus maravillosos ojos verdes me

atraviesan.

Joder, eso ha tenido que doler. Estoy a punto de acercarme al

congelador a coger un poco de hielo, pero entonces empieza a acercarse a

mí como un depredador. Me agarro al borde de la encimera que tengo

detrás y lo veo aproximarse hasta detenerse frente a mí. Se inclina y coloca

las manos sobre las mías. Me ha atrapado.

Noto su respiración agitada en mi rostro, frunce el ceño y estampa los

labios contra mi boca. Noto que me roba literalmente el aliento mientras

me retuerzo debajo de él para intentar liberarme. ¿Qué está haciendo? En

realidad sé muy bien lo que está haciendo. Va a echarme un polvo

recordatorio. Estoy jodida.

Aprieta los labios contra los míos con más fuerza, pero no acepto su

beso. Sigo diciéndome a mí misma que esto es malo, que no me hace

ningún bien. Si transijo, acabará doliéndome aún más, lo sé. Procuro

liberarme, sin mucho entusiasmo, pero él gruñe y me sujeta las manos con

más fuerza. No iré a ninguna parte. Su determinación por vencerme anula

mis desesperados intentos de pararlo.

Me acaricia el labio inferior con la lengua y yo sigo negándole el

acceso a mi boca. Tiemblo al tratar de luchar contra las reacciones de mi

cuerpo a sus estímulos. Sé que si consigue entrar habré perdido, así que

mantengo los labios obstinadamente cerrados mientras ruego al cielo que

se rinda ya.

Me suelta una mano y, al instante, lo agarro del bíceps para empujarlo

y alejarlo de mí, pero no sirve de nada. Tiene una fuerza descomunal, y aún

más determinación. Mis cándidos intentos de liberarme no le afectan lo

más mínimo.

Me coge de la cadera con firmeza y yo doy un respingo debajo de su

cuerpo, pero me apresa contra la encimera. Me tiene atrapada por

completo, aunque sigo rechazando sus besos desafiantemente y

manteniendo los labios cerrados. Aparto la cabeza cuando me suelta un

poco.

—Serás cabezota —masculla, y aprieta los labios contra mi cuello, lo

lame y lo mordisquea hasta llegar a la clavícula, y traza círculos largos y

húmedos con la lengua antes de ascender hasta mi oreja para morderme el

lóbulo.

Aprieto los ojos con fuerza y suplico que mi autocontrol aguante su

irresistible contacto. Empiezo a clavarle las uñas en el antebrazo tenso y

luego cierro los labios firmemente por miedo a dejar escapar algún grito de

placer. Aparta las manos de mi cadera, las desliza lentamente por mi

vientre y entonces me levanta la goma de los pantalones cortos.

—Para. ¡Para, por favor! —grito.

—Paula, para tú. Para ya.

Mete el dedo índice por debajo de la tela y empieza a moverlo de

izquierda a derecha con lentitud mientras sus labios continúan atacándome

la oreja y el cuello. Tengo ganas de llorar de frustración.

La cálida fricción hace que se me doblen las rodillas y me provoca

violentos temblores por todo el cuerpo. Ríe ligeramente, un sonido gutural

que me genera vibraciones por toda la columna y un leve latido en el

centro de mi intimidad. Cierro los muslos con fuerza, desplazo la mano de

su brazo a su pecho y empujo en vano. No sé ni por qué lo intento. Estoy a

un paso de rendirme. No deja de insistir con pasión, y yo estoy enamorada

de él. La cabeza va a estallarme, y no sé si de placer o de confusión. Estoy

hecha un puñetero lío.

Cuando sus labios regresan a los míos sigo resistiéndome, haciendo

todo lo posible por bloquearle la entrada. Mi pobre cerebro envía a mi

cuerpo millones de órdenes diferentes: lucha, resiste, acéptalo, bésalo, dale

un rodillazo en los huevos.

Y entonces su mano se cuela dentro de mis bragas, me separa los

labios con los dedos y siento que una descarga eléctrica me recorre el

cuerpo. Me acaricia el clítoris muy suavemente. Me hace temblar y abro la

boca para lanzar un grito de placer. Aprovechando mi momento de

debilidad, me introduce la lengua en la boca y explora y lame todos sus

rincones mientras su pulgar sigue trazando círculos en mi sexo ardiente. Le

devuelvo el beso.

—Suéltame la mano —jadeo, y flexiono los músculos del brazo.

Debe de saber que me ha vencido, porque la libera con un gemido y

me agarra la nuca inmediatamente. Le rodeo el cuello con los brazos y lo

acerco más a mí... así, sin más.

GRACIAS POR LEER!♥



6 comentarios:

  1. no se por que Pau se resiste tanto a ese bombón ja ja ja !! esta muy buena la novela

    ResponderEliminar
  2. Muy buenos capítulos!! Necesitan hablar. Paula no debería sacar conclusiones, debe plantearle lo que siente!!

    ResponderEliminar
  3. Espectaculares los caps, pero Pau tendría q decirle lo que siente.

    ResponderEliminar
  4. Wow que intenso,buenisimos los capitulos!!!

    ResponderEliminar
  5. uauuuuu por dios que novela !!!!!

    ResponderEliminar