lunes, 10 de marzo de 2014

Capitulo 51 ♥



Me acerco al espejo para arreglarme la cara. Reina un silencio

espectral mientras vuelvo a aplicarme los polvos compactos, el delineador

y el lápiz de labios. En otras palabras: vuelvo a maquillarme de nuevo,

porque, con las lágrimas, mi cara es un desastre. Y lo hago en medio de un

silencio incómodo, mientras las dos mujeres intercambian miradas de

curiosidad.

Cuando termino, me lavo las manos, sonrío dulcemente y me marcho

para que puedan cotillear y babear todo lo que quieran. Pedro me espera

fuera. Me ofrece la mano con una sonrisa. Yo se la acepto, claro, y dejo

que me guíe hacia la barra. Oteo la pista de baile mientras él avanza entre

la gente abriéndose camino con el otro brazo extendido. Kate, Tom y

Victoria siguen meneando el esqueleto.

—¿Qué quieres tomar? —pregunta. Me cobija bajo su brazo y llama

inmediatamente la atención del camarero.

—Una copa de Zinfandel, por favor. —Me pego más a él. Nunca me

parece estar lo bastante cerca.

Me observa con mirada inquisitiva y frunce los labios.

—¿Y tus amigos?

—Ah, Kate bebe vino, Victoria vodka con tónica y Tom piña colada.

Se le salen los ojos de las órbitas.

—¿Tom?

Sonrío.

—El gay, ya lo conoces.

Veo en su atractivo rostro que ya sabe a quién me refiero. Sacude la

cabeza consternado, me suelta y se vuelve hacia el camarero, que espera

pacientemente a que Pedro pida las copas.

Kate y Tom se acercan a nosotros, riendo y mirándome. Le lanzo a

Kate una mirada asesina, pero ella se limita a señalarse el pecho con el

dedo como diciendo «¿Me echas la culpa a mí?».

—Pedro ha pedido ya vuestras bebidas —les informo mientras sigo

mirando a mi amiga con expresión acusadora. Ella me ignora.

—Vaya, guapo y caballeroso —dice Tom entusiasmado y mirando el

culo a Pedro con todo el descaro del mundo. No me extraña; además, esos

vaqueros le marcan un trasero precioso.

Pedro da las copas a Kate y a Tom, y yo me quedo pasmada cuando mi

amiga se echa hacia adelante para propinarle un beso en la mejilla. Pero

¿qué coño le pasa a esta tía? Me sorprendo todavía más al ver que él le

sonríe alegremente y le susurra algo al oído. ¿Qué está pasando aquí?

Ella se vuelve, me guiña un ojo y se lleva a Tom de nuevo a la pista.

Pedro me pasa mi copa de vino y abre su botella de agua. Me rodea la

cintura con el brazo libre y me acerca a él. Lo miro de manera inquisitiva.

¿A qué ha venido eso? ¿Están conchabados?

—Hola, tío. —Sam llega corriendo con Drew y ambos aceptan las

cervezas que les pasa Pedro—. Paula, ¿qué tal, guapa? —Se inclina para que

le bese la mejilla y me muestra su hoyuelo. Es simpático, dulce y

tremendamente guapo, pero después de lo que me ha contado Victoria

tengo que estar atenta por el bien de Kate. Drew sostiene su botella y

saluda, como siempre, de una manera cortés y distante.

Sonrío y me acerco al oído de Pedro.

—Me voy con los otros. —Él está con sus amigos, y se supone que

ésta iba a ser una noche de chicas (Tom no cuenta).

Baja la cara hacia mi cuello y me acaricia con la nariz,

aprovechándose de mi postura.

—Estaré vigilando —me advierte al oído. Me da un mordisquito en el

lóbulo y una palmada en el culo. El dolor ha disminuido, pero todavía

tengo secuelas de mi aventura en la parte trasera de Margo.

Me aparto y hago pucheros de broma. Él me regala una enorme

sonrisa y me guiña el ojo. ¿Estará vigilando a los posibles moscones o me

estará vigilando a mí?

Lo dejo en la barra y me uno a los demás en la pista. Están bailando y

bebiendo alegremente. Me río al ver a Tom, que está en su salsa y, justo

cuando comienza Lovestoned, de Justin Timberlake, me reciben con

vítores. Medio ebria, me acabo el vino de un trago y dejo la copa vacía en

el estante de las bebidas. Si hay alguna canción capaz de sacarme de mi

desesperación, aunque sólo sea por unos momentos, sin duda es ésta. Y el

momento no podría ser más oportuno. Todo el mundo sin excepción sale a

la pista, y cuando Justin grita «Hey», todos se vuelven locos.

Estoy bailando, riendo y disfrutando con Kate cuando, de repente, me

agarran por la cintura y me dan la vuelta. Es Sam, que me sonríe y señala

con la cabeza hacia algo que hay detrás de mí.

—Ahí viene. Espero que estés preparada para esto —dice.

—¿Para qué? —grito por encima de la música.

Sam amplía la sonrisa, la cual revela su hoyuelo en su máximo

esplendor.

—Se cree que es JT.

No tengo ni idea de qué habla. Me agarra de los hombros, me da la

vuelta y veo que Pedro viene hacia mí. De repente temo que vaya a montar

una escena y a sacarme a rastras de la pista de baile. No sé por qué, pero

tiene la costumbre de cargarme sobre su hombro cuando le viene en gana.

Ralentizo los movimientos mientras él sigue avanzando. No sé cómo

interpretar la situación. Luce una expresión oscura y sedienta, y su cuerpo,

alto y esbelto, me tiene embelesada. Su manera de caminar me vuelve loca.

Cuando lo tengo delante, todo lo cerca que puede llegar a estar sin tocarme,

me quedo inmóvil por completo. Se me acelera la respiración. Desliza un

brazo alrededor de mi cintura y me arrastra hacia su cuerpo. Yo levanto las

manos automáticamente para agarrar sus bíceps flexionados. Apoya la

frente contra la mía.

—Voy a tener que cargarme a muchos tíos como sigas bailando así.

¿Te gusta JT?

—Sí —exhalo.

Me derrite con esa sonrisa deliciosa reservada sólo para mujeres.

—A mí también. —Me besa en los labios y después, para mi sorpresa,

me coge de la mano y me da una vuelta para volver a arrastrarme hacia sus

brazos. No puedo creerme que vaya a bailar—. Y es la versión extendida.

¿Ah, sí? ¿Y eso qué significa? Miro a Sam, que pone los ojos en

blanco y se encoge de hombros. Después vuelvo a mirar a Pedro, que sonríe

muy seguro de sí mismo. Sí, va a bailar. Vaya, esto podría ser interesante.

No sé si es culpa de haberme bebido mi peso en alcohol o del

comportamiento gallito de Pedro —probablemente sea por lo primero—,

pero el caso es que de repente empiezo a descender por el cuerpo de Pedro

contoneándome obscenamente. Le recorro el cuerpo con las manos, de un

modo bastante indecente, desde el pecho hasta los muslos. Aquí estoy, de

cuclillas delante de él, con las palmas abiertas sobre la parte delantera de

sus potentes muslos y mirando al hombre más atractivo que haya visto en

la vida. Seguramente se me esté viendo todo el culo, pero me da igual.

Tengo toda la atención puesta en el dios que me mira con ojos obscenos y

prometedores. Yo le sonrío con descaro y acerco las manos a su

entrepierna. Después empiezo a ascender por su cuerpo, todo lo pegada a él

que puedo. Cuando tengo la cara a la altura de su entrepierna, paso la nariz

por la cremallera de sus vaqueros y siento cómo se estremece. Se agacha,

me agarra de los brazos y me levanta del todo.

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