miércoles, 5 de marzo de 2014
Capitulo 28 ♥
¿Qué ha pasado con mi feliz vida de soltera? La he jodido pero bien...
Después de recoger mis cosas del vestuario del spa, las lanzo dentro
de mi coche y deambulo hasta los muelles. Al llegar, me siento en un
banco. Hay mucho bullicio, la gente va y viene, y todos parecen felices y
contentos. Las plantas que se ven en las elaboradas farolas han florecido;
rebosan de sus macetas y caen en cascada sobre el hierro ornamentado. Las
luces del edificio se reflejan y parpadean en el agua, danzan sobre las
pequeñas olas.
Suspiro y cierro los ojos mientras escucho el sonido del agua que
chapotea suavemente alrededor de los botes. Es rítmico y relajante, pero no
creo que nada pueda hacer que me sienta mejor en estos momentos. Saco el
móvil del bolso para llamar a Kate. Después de varios tonos, le dejo un
mensaje:
—Hola, soy yo. —Sé que mi voz suena desolada, pero no puedo fingir
que estoy alegre si no lo estoy. Suelto un gruñido—. Ay, Kate... la he
cagado muchísimo. Llegaré a casa en seguida.
Dejo caer la mano sobre el banco y llego a la conclusión de que soy
una idiota redomada. ¿En qué estaba pensando?
El móvil vuelve a la vida en mi mano y descuelgo sin mirar la
pantalla porque doy por hecho que es Kate.
—Hola.
—¿Dónde estás? —me preguntan suavemente desde el otro lado del
teléfono.
No sé si lo que me hunde en la miseria es que no sea Kate o que sea
Pedro. No entiendo nada. Mi vida iba bastante bien, sin tíos ni
compromisos, y ahora esto va a pesar sobre mi conciencia. Creo
firmemente en el karma y, si existe de verdad, la llevo clara.
—Estoy en casa —vuelvo a mentir. Últimamente me sale de manera
natural. Me pongo a juguetear con mi pelo, un claro síntoma de mi
comportamiento de Pinocho.
—Vale —susurra y cuelga.
Vaya... Ha sido más fácil de lo que esperaba. Después de no haber
cedido ante sus órdenes de permanecer cogida de su mano y de haberlo
abandonado a su suerte entre las garras del gay más gay del planeta,
imaginaba que se habría cabreado. Así que ya ha conseguido lo que quería
y eso es todo. No sé muy bien por qué me siento tan abandonada. Era lo
que me esperaba, y justo lo que me merezco. Su persistencia ha podido
conmigo, pero ahora ya está fuera de mi organismo. Ya puedo volver a
centrarme en mí y en mi vida. Y, si tengo suerte, Sarah jamás se enterará
de esta leve indiscreción.
¿Leve? De leve nada.
Por lo que a mí respecta, Pedro puede continuar con sus seducciones
en serie y pasar a la siguiente afortunada. Seguro que Sarah lo descubre
pronto, pero espero que no lo haga ahora. Lo último que necesito es una
mujer despechada y con sed de sangre.
Después de permanecer sentada y en silencio durante un rato, me
levanto de mala gana y paro un taxi. Hay un tiempo limitado para
compadecerse de uno mismo. Necesito dejar esta noche atrás rápidamente.
Tengo que olvidarme de ella, erradicarla de mi memoria y transformarla en
experiencia. Este hombre es nocivo. Lo sé.
Entonces me doy la vuelta, levanto la mirada y veo que Pedro está de
pie a un par de metros de mí, observándome en silencio. ¿Cómo cojones
voy a alcanzar alguno de mis objetivos si me acosa?
¿Dónde está Sarah?
Nos miramos a los ojos, todavía en silencio. Su rostro impasible
estudia el mío. Y entonces rompo a llorar. No sé por qué, pero me tapo la
cara con las manos mientras sollozo. A saber lo que debe de estar
pensando. A continuación siento que su cuerpo cálido me envuelve, apoyo
la cabeza en el hueco de su cuello e impulsivamente coloco los brazos por
debajo de los suyos para acercarme a él. Permanecemos callados durante
mucho rato. Nos quedamos ahí de pie, sin más, abrazándonos en silencio
mientras me masajea la parte posterior de la cabeza con la palma de su
enorme mano y me mantiene apretada contra su cuerpo con firmeza. Una
pequeña parte de mí se pregunta dónde está Sarah, pero no me obsesiono
con ello. Me siento protegida y segura, y sólo estoy vagamente alerta al
hecho de que debería estar huyendo de estos brazos y no cobijándome en
ellos. Debería tratarlos con precaución y no aceptar el consuelo que me
están ofreciendo. ¿Por qué no puedo salir corriendo?
—¿Cuánto tiempo llevas ahí? —le pregunto cuando por fin cesan mis
sollozos.
—El suficiente —murmura—. ¿A qué viene eso de que la has cagado
muchísimo? —Me abraza con más fuerza—. Espero que no te estuvieras
refiriendo a mí.
—Pues sí, me refería a ti. —Paso de inventarme una excusa, no
tendría sentido hacerlo.
—¿En serio? —Suena sorprendido y un poco cabreado, pero
momentos después continúa—: ¿Te vienes a casa conmigo?
Noto que se tensa ligeramente.
¿Acabo de decirle que me refería a él y quiere llevarme a su casa? ¿Y
qué pasa con Sarah? Entonces está claro que no viven juntos.
—No —le contesto. Lo que he hecho ya es bastante malo.
—Por favor, Paula.
—¿Por qué? —le pregunto.
Necesito saber a qué se debe su fascinación por mí, porque, si paso
más tiempo con este hombre, podría meterme en más líos todavía. No
puedo ir por ahí teniendo aventuras sórdidas con hombres mayores y
comprometidos. Aunque, bueno, su edad está todavía por determinar. Hay
algo extraño en este hombre, y rezuma problemas por todos los poros de su
piel.
Me aparta de él para mirarme con su precioso ceño fruncido.
—Porque es lo correcto, porque tienes que estar conmigo. —Lo dice
como si fuera la cosa más natural del mundo.
—¿Y con quién tiene que estar Sarah?
—¿Sarah? ¿Qué tiene que ver Sarah con todo esto? —Ahora parece
muy confundido.
—Es tu novia —le recuerdo. Está claro que no tiene ningún tipo de
consideración hacia la pobre mujer.
Abre los ojos de par en par.
—Por favor, no me digas que has estado pasando de mis llamadas y
huyendo de mí porque pensabas que... —Me suelta—. Pensabas que Sarah
y yo... —Da un paso atrás—. ¡Para nada, joder!
—¡Pues sí! —exclamo—. ¿No es tu novia?
Ahora sí que no entiendo nada. Sarah no podría haber dejado más
claro cuál era su territorio, sólo le ha faltado mearle alrededor. Entonces
¿quién coño es? Si ya me gustaba poco, ahora mismo la detesto.
Pedro se pasa las manos por el pelo.
—Paula, ¿qué demonios te ha hecho pensar algo así?
¿Me está tomando el pelo?
—Pues no sé, déjame pensar... —Sonrío dulcemente—. Puede que
fuera el beso en el pasillo de La Mansión. O que viniese a buscarte a la
habitación. O quizá lo fría que se muestra conmigo. —Tomo aire—. O
puede que sea el hecho de que está contigo cada vez que te veo. —No
puedo creérmelo. He estado mortificándome sin razón, y encima por una
tía que ni siquiera me cae bien. ¡Menuda pérdida de energía!—. ¿Quién es?
—pregunto completamente encolerizada.
Me coge de las manos y se agacha un poco hasta que sus ojos quedan
a la altura de los míos.
—Paula, es una mujer simpática, nada más.
—¿Simpática? —me mofo—. ¡Esa tía no es simpática!
—Es una amiga —dice para tranquilizarme.
No quiero que me tranquilice, ¡quiero reventarle a Sarah esos morros
rojos que tiene! ¡La tía sabía perfectamente lo que hacía! Está claro que no
se conforma con ser su amiga.
Me acaricia la mejilla con la palma de la mano.
—Y ahora que ya hemos aclarado qué lugar ocupa Sarah en mi vida,
¿podemos hablar del tuyo?
«¿Qué?» Retrocedo.
—¿Qué quieres decir?
Los comentarios que ha hecho antes regresan a mi mente de repente.
Todos los «eres mía», «voy a quedarme contigo» y «cambiarás de
opinión».
Sonríe con picardía.
—Me refiero a en mi cama, debajo de mí.
Me pega contra su pecho y yo me relajo y me hundo en él con alivio.
Eso suena muy bien. Acabo de añadir a mi lista de deseos tener una
aventura tórrida con un hombre mayor, así que puedo tacharla ya. Sin
compromisos ni ataduras. Por mí, estupendo. Aunque dudo que sacara nada
de lo mencionado de este hombre.
—¿En La Mansión? —le pregunto. Está bastante lejos.
—No, me he comprado un apartamento, pero no puedo mudarme hasta
mañana. Ahora estoy de alquiler cerca de Hyde Park. Te vendrás allí.
—Vale —respondo sin vacilar, aunque soy consciente de que no era
una pregunta. Y vuelven a mi mente sus comentarios anteriores, en
especial el último de ellos: «Tienes que estar conmigo.»
¿La decisión es suya o mía?
Suspira mientras aprieta más mi cabeza y mi torso contra él.
Sí, tienes que proceder con la máxima precaución, Paula.
Viajamos en silencio, excepto por los tonos graves de la canción
Teardrop, de Massive Attack, que salen del equipo de sonido de su coche.
Muy adecuado después de mi berrinche. Paso la mayor parte del trayecto
deliberando sobre mi decisión de ir a casa de Pedro. Él toma aire en
repetidas ocasiones, como si fuese a decir algo pero al final decidiera no
hacerlo.
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