miércoles, 26 de marzo de 2014
Capitulo 101 ♥
Proporciono a mis pulmones el aire que tanto necesitan y camino con
pasos inestables hasta la ventana. La puerta principal se cierra de un
portazo que retumba en toda la casa y veo a Pedro que se arrastra hasta el
Aston Martin medio abandonado. Me estremezco y dejo escapar un sollozo
cuando hace añicos la ventanilla del coche de un puñetazo. La carretera se
llena de cristales rotos. Se mete dentro y golpea una y otra vez el volante.
Después de lo que parecen años de verle dar puñetazos al coche, se aleja
entre los rugidos del motor. Se oye un chirrido de neumáticos que derrapan
y bocinas que protestan.
Salgo de la ducha y me seco el pelo antes de volver a hacerme un
ovillo en la cama. Estoy paralizada. Es como si me hubieran arrancado el
corazón, lo hubiesen pisoteado y me lo hubieran vuelto a meter en el
pecho, apaleado y hecho una birria. Me encuentro en algún punto entre la
pena y la devastación, es lo más doloroso que he vivido nunca. Mi vida se
ha desmoronado. Me siento vacía, traicionada, sola y perdida. La única
persona que puede hacerme sentir mejor es la que lo ha causado todo. No
creo que me recupere nunca.
—¿Paula? —Levanto la cabeza, que me duele horrores, de la almohada.
Kate está en la puerta. La compasión que refleja su rostro agudiza aún más
el dolor. Se sienta en el borde de la cama y me acaricia la mejilla—. Paula,
no tiene por qué acabar así —me dice con ternura.
¿Ah, no? ¿Y qué sugiere? Tengo que soportar este dolor y ver si tengo
las fuerzas necesarias para lidiar con él. Volver a empezar. Pero, de
momento, me conformo con tumbarme en la cama y sentir lástima de mí
misma.
—Es lo que hay —susurro.
—No, no es verdad. —Lo dice con más firmeza—. Todavía lo quieres,
Paula. Reconoce que aún lo quieres. ¿Se lo has dicho?
No puedo negarlo. Lo quiero tanto que duele. Pero no debería ser así.
Sé que no debería.
—No puedo. —Hundo la cabeza en la almohada.
—¿Por qué?
—Es el dueño de un club de sexo, Kate.
—No sabía cómo decírtelo. Le preocupaba que lo dejaras.
Miro a Kate.
—No me lo dijo, y aun así lo he dejado. —Vuelvo a mi almohada
bañada en lágrimas—. Ya oíste a aquel hombre. Destruye matrimonios. Se
folla a las mujeres por diversión. —¿Por qué lo defiende?—. ¿Por qué tú
no alucinas? —murmuro desde la almohada. Sé que se lo toma todo con
calma, pero esto es para caerse de culo.
—Lo hago... un poco.
—Pues no lo parece.
—Paula, Pedro ni siquiera ha mirado a otra mujer desde que te conoció.
Está loco por ti. Sam creía que jamás vería algo así.
—Sam puede decir lo que le dé la gana, Kate. No cambia el hecho de
que Pedro es el dueño de un lugar al que la gente va a practicar sexo, y él a
veces se une a la fiesta. —Me estremezco, me pongo mala sólo de
pensarlo. ¿Que está loco por mí? Y una mierda.
—No puedes castigarlo por su pasado.
—Pero no es su pasado. Sigue siendo el dueño.
—Es su empresa.
—¡Déjame en paz, Kate! —le escupo. Me cabrea que lo defienda.
Debería estar de mi parte, no intentando justificar las fechorías de Pedro.
Noto que la cama se mueve cuando Kate se levanta y suspira.
—Sigue siendo Pedro —dice, y sale de mi cuarto para dejarme sola y
que llore mi pérdida.
Permanezco tumbada y en silencio, intentando despejar la mente de
todos los pensamientos inevitables. No sirve de nada. Las imágenes de las
últimas semanas me invaden el cerebro: nuestro primer encuentro, cuando
me dejó KO; los mensajes de texto, las llamadas y el acoso... Y el sexo. Me
pongo boca abajo y hundo la cara en la almohada.
Las palabras de Kate continúan rondándome la cabeza: «Sigue siendo
Pedro.» ¿Acaso sé quién es Pedro? Yo sólo sé que este hombre me ha
metido en su torbellino de emociones intensas y me ha cegado con su
cuerpo.
Otra pieza del rompecabezas encaja cuando recuerdo que me dijo que
no tenía contacto con sus padres. Lo repudiaron al morir su tío, cuando
Pedro se negó a vender La Mansión. Ahora lo entiendo. No tenía nada que
ver con la herencia ni con compartir los bienes, sino con dejar a su hijo de
veintiún años a cargo de un club de sexo superpijo. Normal que les
preocupara y que se cabrearan bastante. Es lógico que no aprobasen su
relación con Carmichael. Dios santo, ¿sería Carmichael quien animó a
Pedro a adoptar ese estilo de vida? Pedro dijo que se lo pasó en grande.
¿Qué clase de joven no disfrutaría como un loco en una casa donde se hace
de todo? Ha practicado de lo lindo. Y es más que probable que sea verdad
lo de que no se ha follado a ninguna mujer dos veces... Excepto a mí.
No hace falta ser Einstein para saber por qué me echaron miradas
asesinas todas aquellas mujeres en La Mansión. Todas lo deseaban. No.
Todas deseaban repetir.
Se la jugó al llevarme allí, pero, ahora que lo pienso, nadie se me
acercó, nunca estaba sola, nunca se me dio libertad para explorar a mis
anchas. ¿Estaba todo el mundo al tanto de mi ignorancia? ¿Habían recibido
instrucciones de cerrar el pico y no acercarse a mí? He sido el hazmerreír
de todo el mundo. Se ha esforzado al máximo para que no me enterara.
¿Cómo pudo pensar que iba a salirle bien? Los comentarios de Sarah sobre
el cuero... Hundo aún más la cabeza en la almohada, sumida en la
desesperación.
—¿Paula? —Levanto la vista y veo a Sam en la puerta, tan derrotado
como antes—. Se ha estado devanando los sesos a diario pensando en cómo
contártelo. Nunca lo había visto así.
—¿Siendo rechazado? —digo con sarcasmo—. No, no creo que a
Pedro Alfonso le den calabazas a menudo.
—No. Quiero decir loco por una mujer.
—Lo está, pero de atar. —Me echo a reír.
Sam frunce el ceño y sacude la cabeza.
—Loco por ti.
—No, Sam. Pedro está loco por controlarme y manipularme.
—¿Puedo? —Señala el borde de mi cama.
—Tú mismo —refunfuño sin piedad.
Se sienta en un extremo de la cama. Nunca lo había visto tan serio.
—Paula, conozco a Pedro desde hace ocho años. Ni una sola vez lo he
visto comportarse así con una mujer. Nunca ha tenido relaciones, sólo
sexo, pero desde que te conoció es como si hubiera encontrado su propósito
en la vida. Es un hombre distinto y, aunque te hayas sentido frustrada por
lo protector que es, como amigo, me hacía feliz ver que por fin alguien le
importaba lo suficiente como para que actuara de ese modo. Por favor, dale
una oportunidad.
—Su comportamiento no era sólo protector, Sam. —Lo de ser
protector no es más que el principio de una larga lista de exigencias
irracionales.
—Sigue siendo Pedro. —Sam repite las palabras de Kate y me mira
suplicante—. La Mansión es su empresa. Sí, mezclaba los negocios con el
placer, pero no tenía nada más. Todo cambió cuando llegaste a su vida.
—No puedo hacer como si nada e ignorarlo, Sam.
Sonríe y me coge la mano.
—Si me dices que puedes dejarlo, sin ninguna duda y sin
remordimientos, entonces me callo y me voy. Si me dices que no lo
quieres, me voy. Pero no creo que puedas. Estás aturdida y confundida, eso
lo sé. Y sí, tiene un pasado, pero no puedes ignorar el hecho de que te
adora, Paula. Lo lleva escrito en la cara y sus actos lo expresan con claridad.
Dale una oportunidad, por favor. Se merece una oportunidad.
Parece que Sam se ha preparado y ha ensayado bien el discursito de
súplica en nombre de su amigo. Puede que así sea. Debían de saber que al
final me enteraría. ¿Puedo superar esta mierda? Sé que no me estoy
haciendo ningún favor aquí tirada, hecha una pena y dándole vueltas a lo
mismo una y otra vez. Estoy intentando asimilar algo que no entiendo y
que nunca entenderé. Es el dueño de un club de sexo. Este rollo no encaja
en mi idea de un felices para siempre. ¿Podré confiar en él algún día? ¿Le
importo lo suficiente como para que se comporte así? ¿Que me adore
equivale a que me ame? Al principio no hacía ni caso de lo que Pedro me
decía en la cama. Todos esos líos de «eres sólo mía» y de que no iba a
dejar que me marchara nunca. Decía muchas cosas: «Me gustas cubierta de
encaje», «Me encanta el sexo soñoliento contigo», «Me encanta tenerte
aquí»... pero nunca lo que yo tanto ansiaba escuchar. ¿Debería haberlo
interpretado de otro modo? ¿Me estaba diciendo lo que yo quería oír pero
con otras palabras? Buscaba sin cesar que le asegurase que no iba a irme.
Si lo único que necesitaba era la seguridad de que no iba a largarme a
ninguna parte, lo cierto es que se la di en muchas ocasiones, ¿no es así?
Siempre le decía que iba a quedarme, pero entonces no sabía nada de La
Mansión. Y ahora lo sé y he salido corriendo.
Siempre me quería de encaje, no de cuero. Insistió en que era suya.
Era posesivo hasta el extremo, más allá de lo razonable. Siempre quería
taparme, que nadie me viera nada, sólo él. Lo del cuero, lo de compartir
pareja y la exposición del cuerpo femenino debe de formar parte del día a
día en La Mansión. ¿Estaba intentando convertirme en lo contrario de todo
lo que conoce? ¿De todo aquello a lo que está acostumbrado? Entonces
¿qué hay del sexo?
Me incorporo. Necesito hablar con él. Creo que podría superar lo de
La Mansión, pero estoy segura de que nunca conseguiré olvidar a Pedro. Es
una decisión muy simple, la verdad. Que estuviera tan desesperado y tan
hecho polvo significa que lo está pasando mal, ¿no? No se comportaría así
si yo no significara nada para él, ¿verdad? Son demasiadas preguntas...
Miro a Sam. Una pequeña sonrisa ilumina su cara de pícaro.
—Mi trabajo aquí está hecho —dice imitando a Pedro. Se levanta con
una mueca de dolor—. Esa zorra malvada... ya llorará cuando no pueda
cumplir.
Sonrío para mis adentros. Es obvio que la noticia bomba no ha
afectado a Kate del mismo modo que a mí. Me pongo lo primero que pillo
(unos vaqueros rotos y una camiseta de Jimmy Hendrix) y cojo las llaves
del coche. Las lágrimas me inundan los ojos y la culpa me abre un agujero
enorme en el estómago a puñetazos. La he cagado a lo grande. Él quería
poner las cartas sobre la mesa. Iba a contarme lo de La Mansión, pero ¿y si
quería decirme algo más? Espero que sí, porque voy a averiguarlo. La
advertencia de Sarah, que Pedro no es la clase de hombre con el que una
deba plantearse un futuro, hace una aparición estelar en mi mente mientras
corro hacia el coche. Quizá tenga razón, pero no puedo vivir sin saber qué
quería decirme.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario