Por Dios, qué potencia tiene.
Se retira despacio.
—Silencio, Paula —me reprende, y ataca de nuevo dejándome sin
aliento.
Intento seguir agarrada a la encimera, pero me sudan las manos y
resbalan por el granito. Estiro y tenso los brazos para evitar que vuelva a
empujarme hacia adelante; a duras penas logro estabilizarme antes de que
vuelva a embestirme. Me martillea incansablemente, sin apenas dejarme
espacio entre sus penetraciones, fuertes e implacables. No tiene piedad.
Me suelta el cuello y el pecho, me agarra de las caderas y tira de mí
con fuerza para obligarme a recibir cada una de sus arremetidas, que me
entran hasta el fondo. He perdido todo sentido de la realidad. No hay nada
más, aparte de Pedro, su apetito brutal y mi cuerpo ansioso de él. Es algo
que no puede explicarse.
Aprieto el estómago cuando siento que el orgasmo se acerca,
rápidamente provocado por el implacable ímpetu de Pedro.
—Aún no, Paula —me advierte.
¿Cómo lo sabe? No puedo contenerlo durante mucho más tiempo. Voy
a estallar en cualquier momento. Oigo que nuestros cuerpos sudorosos
chocan con violencia y los gruñidos guturales de Pedro sobre mí. Me
concentro en sofocar la necesidad de dejarme llevar. Siento tanto placer
que casi roza el dolor. Pero con la mente puesta en cualquier sitio excepto
en mi cerebro, soy esclava de las necesidades de mi cuerpo.
Entonces sale de mí y me deja con las ganas. ¿Qué hace? Yo gimoteo
al sentir que mi inminente descarga se retira. Me dispongo a gritarle, pero
siento que empieza a deslizarme un dedo por el centro del trasero. Me
tenso de los pies a la cabeza.
«¡Ay, no!»
—Puedes hacerlo, Paula. —Desliza los dedos entre mis muslos y los
introduce en mi interior, recoge la humedad y la arrastra hacia mi culo—.
Relájate, lo haremos despacio.
¿Que me relaje? ¡No puedo! Con lentitud, empieza a trazar círculos
alrededor de mi abertura, y todos y cada uno de los músculos de mi trasero
se contraen y rechazan automáticamente la invasión.
—Relájate, Paula —dice subrayando las palabras.
—Lo estoy intentando, joder —mascullo—. ¡Dame un poco de
tiempo, coño!
¡Lo siento pero no pienso quedarme callada ahora! Oigo que se ríe
suavemente mientras baja los dedos hasta mi clítoris y lo masajea,
causándome enormes oleadas de placer.
—Esa boca —me reprende.
Me concentro en respirar hondo.
—¿No hace falta un poco de lubricante o algo? —jadeo.
—Estás empapada, Paula. Con eso basta. No se te da muy bien seguir
órdenes, ¿verdad? —Me mete el pulgar en el orificio y yo me muerdo el
labio—. Relájate, mujer.
—Dios, esto va a dolerme, ¿verdad?
—Al principio sí. Tienes que relajarte. Una vez esté dentro de ti, te
encantará, confía en mí.
«¡Joder! ¡Joder!»
Continúa masajeándome el orificio y yo dejo caer la cabeza, jadeando
y sudando por los nervios. Me pone una mano en el cuello y me masajea
los músculos tensos. Mientras intento automotivarme mentalmente, su
mano abandona mi cuello y aterriza en mi trasero. Me abre suavemente
hasta que siento la húmeda cabeza de su erección empujando en mi
abertura.
«¡Joder!»
—Tranquilízate. Deja que pase —murmura mientras mueve el
miembro muy despacio alrededor de mi entrada.
«Respira, respira, respira.»
Entonces avanza y la inmensa presión que siento me hace echarme
hacia adelante impulsivamente. Una de sus manos me agarra de los
hombros y me obliga a permanecer donde estoy; la otra continúa guiándolo
hacia mi interior. La presión aumenta cada vez más y yo no dejo de
temblar.
—Eso es, Paula. Ya casi está.
Su voz es irregular y forzada. Noto el sudor de su mano sobre mi
hombro cuando flexiona los dedos. Y entonces embiste hacia adelante con
un gruñido ahogado, atraviesa mis músculos y se desliza hasta el fondo de
mi lugar prohibido.
—¡Mierda! —grito. ¡Eso duele, joder!
—¡Dios, qué apretada estás! —resuella—. Deja de resistirte, Paula.
¡Relájate!
Yo jadeo mientras me sumerjo en algún punto entre el dolor y el
placer. La plenitud que siento es indescriptible, el dolor es intenso, pero el
placer... Joder, no hay palabras para describir el placer, y esto no me lo
esperaba. La opresión de mis músculos a su alrededor hace que sienta cada
vena palpitante y cada sacudida de su erección. Mi cuerpo libera un poco
de la tensión acumulada y un placer puro ocupa su lugar.
—Joder, qué bueno. Ahora voy a moverme, ¿de acuerdo?
Yo asiento, tomo aire y me agarro a la encimera de la isla. Su mano
abandona mi hombro y desciende por mi espalda hasta unirse a la otra en
mis caderas, pero esta vez no doy ningún brinco cuando me agarra. Estoy
demasiado ocupada preparándome para lo que está por llegar.
—Muy despacito, Paula —jadea mientras sale lentamente de mí.
—¡Joder, Pedro! —Como me diga que me calle, voy a enfadarme de
verdad.
—Lo sé. —Empieza a entrar y a salir a un ritmo lento y controlado.
Me estoy deshaciendo de placer. Jamás lo habría imaginado. Siempre
lo vi como algo sucio y obsceno. Pero no es así. Me está haciendo el amor,
y me encanta. No puedo creérmelo. La intensidad de su reclamo sobre mí
hace que se me formen nudos en el estómago. Si me rozara el clítoris ahora
mismo me haría estallar.
—Eres increíble, Paula —gruñe con voz ronca mientras entra una vez
más—. Podría pasarme así toda la puta noche, pero no aguanto más.
Me sorprendo a mí misma moviéndome contra sus sacudidas
pausadas, invitándolo a acelerar el ritmo. Este placer inesperado es
increíble, y estoy al borde de tener el orgasmo más intenso de mi vida. Ni
siquiera puedo creerme que lo esté haciendo. Necesito más.
—Sigue. —Pronuncio la palabra que jamás creí que diría.
—Sí, nena. ¿Te falta mucho?
—¡No! —grito, y me empotro contra él. Oigo sus gemidos mientras
me coloca una mano sobre el hombro y la otra entre las piernas—. ¡Más
fuerte! —grito. Lo necesito.
—¡Joder, Paula! —exclama, y me penetra con más ímpetu, agarrado de
mi hombro y trazando círculos con el dedo sobre mi clítoris palpitante.
Lanzo la cabeza hacia atrás.
—¡Me viene! —grito.
—¡Espera! —me ordena.
Siento que su polla se hincha y se estira mientras continúa acelerando.
Estoy ida de placer, casi delirante, y justo cuando creo que voy a
desmayarme, brama:
—¡Ahora!
Y me dejo llevar.
La habitación empieza a dar vueltas y yo me pierdo. Me dejo caer
sobre la encimera con los brazos estirados sobre la cabeza y arrastro a
Pedro conmigo. Pesa bastante, pero tengo el cuerpo aturdido por el placer.
Sólo soy consciente de que su pecho húmedo y firme me aplasta contra el
granito, de que su aliento cálido y entrecortado me acaricia el pelo y de que
su pene vibrante continúa hundido en mi interior mientras sus espasmos se
reflejan sobre mí. Mis músculos se contraen con cada uno de sus latidos y
absorbo hasta la última gota de su simiente mientras él acaricia
perezosamente los restos de mi orgasmo.
Estoy flotando.
GRACIAS POR LEER!♥
Wowwwwwwwww, buenísimos e intensos los 4 caps!!!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarMuuyyy intensoooos!! Muy buena novela!! @AmorPyPybb
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