martes, 4 de marzo de 2014

Capitulo 27 ♥




Llego al final de la escalera y veo que Tom viene corriendo hacia mí

entre la multitud moviendo los brazos frenéticamente.

—¡Por fin te encuentro! ¿Dónde estabas? Patrick te ha estado

buscando por todas partes. —Me agarra de los hombros y me inspecciona

de arriba abajo. Como siempre, es la reina del drama.

Al ver mi aspecto desaliñado, me mira con recelo. Noto que el calor

de mis mejillas aumenta.

—Le estaba enseñando la casa al señor Alfonso —contesto, con poca

convicción, mientras hago un gesto con la mano por encima del hombro en

dirección a Pedro. Sé que está cerca, detrás de mí. Aún lo oigo mascullar. Y

también lo huelo. Aunque, bueno, también podría deberse a que tengo su

olor impregnado por todo el cuerpo. Me siento como si me hubiera

marcado... o incluso reclamado.

Con las manos todavía sobre mis hombros, Tom mira a mis espaldas.

Ahoga un grito y me acerca a él de un tirón para preguntarme al oído

mientras me olfatea:

—Nena, ¿quién es ese dios del Olimpo que me está gruñendo?

Yo me zafo de sus manos, me vuelvo y veo que Pedro está fulminando

a Tom con la mirada. Pongo los ojos en blanco ante su patético

comportamiento. Tom es el tío más gay de Londres. No puede sentirse

amenazado por él. ¡No debería sentirse amenazado por nadie!

—Tom, te presento al señor Alfonso. Señor Alfonso, éste es Tom. Es un

colega. Y es gay —añado con un tono algo sarcástico. Sé que a Tom no va

a importarle. Al fin y al cabo, no he dicho nada que no resulte evidente.

Miro a mi compañero, que esboza una amplia sonrisa, y después a

Pedro, que ha dejado de gruñir pero continúa igual de enfadado. Tom da un

saltito, lo agarra de los hombros y le da un beso en el aire. Yo reprimo una

carcajada al ver que a Pedro se le salen los ojos de las órbitas y se le tensan

los hombros.

—Es un auténtico placer —canturrea Tom mientras le toca los bíceps

—. Oye, ¿haces pesas?

Se me escapa una risotada y tomo la inmadura decisión de dejar que

Pedro se las arregle solo con el descarado flirteo de Tom. Veo que me mira

mientras me doy media vuelta para marcharme y que me lanza puñales con

los ojos. Me da igual. Está actuando de una manera totalmente irracional.


Patrick se encuentra en la cocina, charlando con el promotor. Me hace

un gesto para que me acerque y me pasa una copa de prosecco. Me parece

que el coche va a quedarse a dormir aquí.

—Aquí está —anuncia Patrick mientras me pasa un brazo sobre los

hombros y me abraza contra su enorme cuerpo—. Esta chica ha

transformado mi empresa. Estoy muy orgulloso de ti, flor. ¿Dónde estabas?

—pregunta. Le brillan los ojos y tiene las mejillas rojas, un claro síntoma

de que ha bebido demasiado.

—Haciendo de guía turística por el apartamento —miento, y sonrío

dulcemente mientras me aprieto contra él.

—No he parado de hablar de ti. Deben de dolerte los oídos —dice

Patrick. «¡No, no precisamente los oídos!»—. Estaba comentándole al

señor Van Der Haus que estarás encantada de trabajar en su nuevo

proyecto.

¿Van Der Haus? Ah, el otro socio. Aún no lo conozco.

—Mi socio insiste en ello —asegura Van Der Haus con una amplia

sonrisa.

Es muy elegante, alto, rubio platino, y luce un traje hecho a medida y

zapatos de vestir. Es bastante atractivo... a pesar de estar en plena

cuarentena (otro madurito...).

Me sonrojo.

—Lo haré con mucho gusto, señor Van Der Haus. ¿Qué tiene pensado

para el nuevo edificio? —pregunto ansiosa.

—Por favor, llámame Mikael. Está casi terminado —comenta, y

amplía su sonrisa—. Hemos pensado en un estilo escandinavo tradicional.

Estamos volviendo a nuestras raíces. —Su dulce acento danés resulta muy

sexy.

¿Escandinavo tradicional? Vale, eso me asusta un poco. ¿Se refiere a

que voy a tener que comprar todo en Ikea? ¿No sería mejor que contratase

a un escandinavo para esto?

—Suena interesante —respondo.

Me vuelvo para dejar la copa sobre la encimera y veo a Pedro al otro

lado de la habitación, con Sarah.

Madre mía. Está devorándome con la mirada, y Sarah está justo a su

lado. Me doy de nuevo la vuelta hacia mis acompañantes, probablemente

con el pánico reflejado en el rostro sonrojado.

—Eso creo —coincide Mikael—. He estado discutiendo el precio con

Patrick. —Señala a mi jefe con la copa de champán—. Podemos empezar a

redactar una lista de especificaciones, y así podrás comenzar a esbozar

algunos diseños.

—Lo estoy deseando. —Me vuelvo de nuevo. Todavía siento la

mirada de Pedro clavada en mi espalda.

—No te decepcionará, Mikael —gorjea Patrick.

Él sonríe.

—Lo sé. Eres una joven con un gran talento, Paula. Tienes una visión

realmente impecable. Ahora, si me disculpáis... —Siento que me pongo

todavía más colorada cuando nos estrecha la mano a Patrick y a mí—.

Estaremos en contacto —dice, y sostiene mi mano un poco más de lo

necesario. Después la suelta, se aleja y saluda a un hombre árabe.

Sigo cobijada bajo el brazo de Patrick cuando Victoria se acerca a

nosotros y se apoya contra la encimera refunfuñando.

—Los pies me están matando —exclama.

Patrick y yo bajamos la mirada hacia sus zapatos de plataforma de

quince centímetros con estampado de leopardo y ribetes de color rojo

sangre. Son ridículos. Patrick me mira y sacude la cabeza antes de soltarme

y anunciar que se marcha.

—Irene estará esperándome abajo. Ya tengo todas las fotos. —Sacude

la cámara ante mis ojos—. Nos vemos el lunes por la mañana. —Nos da un

beso a cada una—. Habéis hecho un trabajo fantástico esta noche.

Enhorabuena. —Y saca su corpachón de la cocina con un ligero tambaleo.

«¿Un trabajo fantástico?», pienso avergonzada.

—Ah, ¡casi se me olvida! —exclama Victoria. Dejo de mirar el

cuerpo oscilante de Patrick y me centro en ella—. Kate me ha dicho que no

iba a estar toda la noche esperando a que aparecieras, y algo sobre comer

helado. —Se encoge de hombros—. Que espera que te lo hayas pasado bien

y que te verá en casa.

«¿Que me lo haya pasado bien?» ¡Menuda zorra sarcástica!

—Gracias, Victoria. Oye, creo que ya hemos terminado aquí. —Cojo

una copa de champán más cuando el camarero pasa a nuestro lado. Ya no

puedo conducir, así que de perdidos al río. Y, joder, la necesito—. Me voy

a casa. Tú vete cuando quieras. Nos vemos el lunes. —Le doy un beso.

—Yo me quedaré un poco más con Tom. Quiere ir al Route Sixty a

bailar un rato —dice mientras menea el trasero.

—Prepárate para acostarte a las tantas —le advierto. Una vez que

Tom sale a la pista de baile, es imposible sacarlo de allí.

—¡No! Le he dicho que no puedo quedarme mucho rato. Tengo

muchas cosas que hacer mañana. Y a duras penas puedo caminar con estos

estúpidos zapatos.

—Buena suerte. Despídete de Tom de mi parte.

—Lo haré cuando lo encuentre. —Se aleja cojeando con sus

exagerados tacones y me deja en la cocina, apurando mi última copa de

champán.

Echo un vistazo a mi alrededor, pero no veo ni a Pedro ni a Sarah. Me

siento aliviada. No creo que pudiese mirar a esa mujer a la cara. Tengo que

irme a casa y fustigarme por ser tan débil y tan fácil.

Me acerco al ascensor del ático e introduzco el código. Lo cambiarán

mañana para que sólo lo sepa el propietario. Yo dejo escapar una carcajada

repentina. Pedro Alfonso es el propietario. Ha sido un día muy largo. Y ahora

que estoy sola noto que el esperado sentimiento de culpa comienza a

apoderarse de mí. ¿Cómo he podido ser tan estúpida?

—¿Ya te marchas?

Se me tensan los hombros y me estremezco al oír la fría y

desagradable voz de Sarah. Intento recobrar la compostura y me vuelvo

para mirarla.

—Ha sido un día muy largo y estoy cansada —contesto, y al instante

me avergüenzo por el doble sentido de mi comentario. Si ella supiera lo

«largo» que ha sido el día...

Da un sorbo de prosecco sin dejar de mirarme con recelo.

—Eres una caja de sorpresas —ronronea.

Parece decirlo con sinceridad. ¿Es un cumplido? No, por favor, no

seas amable conmigo. ¿Acabo de follarme a su novio en su cuarto de baño

nuevo y ahora es amable conmigo? ¿O es que el aseo también es suyo?

¡Joder! Quiero que me trague la tierra y morirme. Soy un ser despreciable.

No sé qué decir.

—Gracias —respondo, y me vuelvo hacia el ascensor al oír que se

abre. Tengo que largarme de este lugar.

—No era un cumplido —dice con rotundidad.

—Ya me lo imaginaba —contesto sin mirarla. Está claro que me

había equivocado.

—Sabes que Pedro ha comprado este ático, ¿verdad?

Quiero preguntarle si ella también va a vivir aquí, pero, obviamente,

no lo hago.

—Sí, me lo ha comentado —respondo como si tal cosa mientras entro

en el ascensor e introduzco el código—. Me alegro de verte. —Sonrío.

No sé por qué he dicho eso. No me alegro nada. Esta tía sigue sin

gustarme en absoluto y ella ha dejado más claro que el agua que el

sentimiento es mutuo. Y no la culpo.

Las puertas se cierran y yo me dejo caer contra los espejos de las

paredes.

«¡Mierda!»


-------

Preparense jaja!

GRACIAS POR LEER!♥♥




4 comentarios:

  1. ayyy! que ansiedaddd que pasara, yo creo que Sarah no es la novia de Pedro

    ResponderEliminar
  2. Wow buenisimos los capitulos,me encantaron.

    ResponderEliminar
  3. Me encanta la novela!! Por favor cuando subas capítulos, pasalos a @AmorPyPybb

    ResponderEliminar