domingo, 30 de marzo de 2014

Capitulo 118 ♥



Gime, luego deja que nos deslicemos hasta el suelo y cae de espaldas,
agotado y sudoroso. Me incorporo como puedo y me subo encima de él.
Apoyo las manos en su pecho suave y me restriego contra sus caderas.
Pedro lleva los brazos por encima de la cabeza y observo que su respiración
se va apaciguando a la vez que la mía. Chorreamos, exhaustos, y más que
satisfechos. Estoy justo donde debería estar.
—¿En qué piensas?
—En lo mucho que te quiero. —Le digo la verdad.
Las comisuras de sus labios ascienden en una sonrisa y una mirada de
satisfacción ilumina su bello rostro.
—¿Sigo siendo tu dios?
—Siempre. ¿Y yo tu tentación? —Sonrío y dibujo círculos con la
mano sobre su pecho.
—Pues claro que sí, nena. Jesús, me encanta cómo sonríes. —Me
dedica una de sus sonrisas arrebatadoras.
Le pellizco los pezones.
—¿Nos bañamos, dios?
Da un brinco y nuestras cabezas están a punto de chocar.
—¡Mierda! ¡Me he dejado el grifo abierto!
Se pone de pie de un salto conmigo todavía en brazos y aún dentro de
mí, maldiciendo y sujetándome con demasiada fuerza con su mano
lastimada.
—¡Suéltame! —Intento separar el cuerpo del suyo pero él se limita a
agarrarme más fuerte.
—Nunca.
Va conmigo en brazos al cuarto de baño. Apenas se han llenado tres
cuartas partes de la enorme bañera. Cierra el grifo.
—Podrías dejar el grifo abierto una semana y no se llenaría del todo
—digo mientras nos metemos.
—Lo sé. Es evidente que a la diseñadora de toda esta mierda italiana
le importan un pimiento el medio ambiente y mi huella ecológica.
—Lo dice el que tiene doce supermotos —contraataco, y suspiro de
felicidad cuando el agua caliente y relajante me cubre, todavía a horcajadas
en el regazo de Pedro y con su semierección llenándome—. Podría pasarme
todo el día mirándote —digo para mí mientras le acaricio el abdomen con
la punta de los dedos.
Se echa hacia atrás y me deja hacer. Le paso la punta de los dedos por
cada centímetro cuadrado de su pecho duro y ligeramente bronceado,
haciendo remolinos y tamborileando mi camino. El silencio es cómodo y él
observa cómo mi delicada caricia recorre su cuerpo. La dirijo a su cuello,
paso por su mejilla, sus labios entreabiertos, sus ojos brillantes, y luego me
acurruco en su pecho y mi boca cubre la suya.
—Me encantan tus labios —digo dándole pequeños besos por el borde
de la boca hasta que estoy otra vez donde había empezado—. Me encanta
tu cuerpo. —Mis manos le acarician los brazos, mi lengua se desliza en su
boca—. También me encanta lo loco que estás. —Persuado a su lengua
para que salga de la boca y la chupo mientras mis manos ascienden por sus
brazos hasta quedar alrededor de su cuello.
Mi cuerpo se arquea hacia él.
Gime.
—Tú me vuelves loco, Paula. Sólo tú.
Siento las palmas de sus enormes manos recorrer mi espalda hasta que
me cogen de la nuca y me acercan a él. Nuestras bocas siguen
compartiendo besos, nuestros cuerpos resbalan el uno contra el otro. Sé que
lo vuelvo loco, pero él también me vuelve loca a mí.
Me aparto y lo miro.
—Loco —le digo.
—Más o menos. —Sonríe y me levanta de su regazo. Luego me hace
girar hasta que estoy sentada entre sus piernas—. Voy a enjabonarte.
Coge la esponja y empieza a escurrir agua caliente sobre mí, con la
mejilla pegada a un lado de mi cabeza.
—Tengo que hablar contigo de una cosa —dice en voz baja. No hay
duda de que está nervioso.
Me pongo tensa. No me gusta cómo ha sonado eso, lo que resulta
irrisorio porque he estado presionándolo para que hablara.
—¿Sobre qué?
—La Mansión.
Vale, se me han puesto los pelos como escarpias y no puedo
disimular, cosa que todavía es más irrisoria, porque quería hablar
justamente de eso. No obstante, su forma de abordarlo me indica que no
me va a gustar lo que saldrá por esa boquita. Ha dejado de echarme agua
caliente por encima y, literalmente, puedo oír el movimiento de los
engranajes en su preciosa cabeza. ¿Qué pasa con La Mansión? No me gusta
la dirección que está tomando la charla de hoy en la bañera. Quiero salir y
darme una ducha.
—Sobre la fiesta de aniversario. —La preocupación se manifiesta en
su tono de voz, no podía ser de otra manera. No pienso ir.
—¿Qué ocurre? —pregunto haciéndome la loca. No voy a alterarme
porque no voy a ir, de ninguna manera, ni en un millón de años. Nunca.
Nunca jamás. Me vuelvo y lo beso en la boca para que no pueda hablar.
—Aún quiero que vayas.
—No puedes pedirme eso —le digo con calma, aunque me cabrea un
poco que sugiera una estupidez semejante. Un momento... Acepté ir antes
de saber lo que era de verdad La Mansión, igual que Kate. ¿Ella va a ir?
Qué vergüenza. Maldita sea, claro que irá—. Me lo pediste antes de que
supiera la verdad.
—Me puse una fecha tope para contártelo —me dice con calma.
—Ah. —No sé qué decir. Lo descubrí antes de que llegara la fecha
tope.
—¿Vas a pasarte la vida evitando mi lugar de trabajo? —pregunta,
sarcástico. No me gusta su tono. No me gusta un pelo.
—Es posible —contesto. ¿Su lugar de trabajo? ¿Me está tomando el
pelo?
—No digas tonterías, Paula. —Retoma la labor de echarme agua
caliente y me da un beso en la sien—. ¿Al menos lo pensarás?
Suspiro, aburrida.
—No te prometo nada, y si estás pensando en echarme un polvo de
entrar en razón con respecto a este asunto, me iré —lo amenazo.
Me estoy poniendo dramática pero quiero que sepa que no quiero ir de
ninguna manera. ¿A la fiesta de aniversario de La Mansión? Ni muerta.
Me acaricia la oreja con la nariz y me envuelve las piernas con las
suyas.—
Quiero que la mujer que hace latir mi corazón esté a mi lado.
¡Por Dios! ¡Eso es chantaje emocional! ¿Cómo coño voy a negarme a
eso? Maldito seas, Pedro Alfonso, hombre de edad desconocida.
Lo dejo que siga lavándome mientras pienso en un modo de sacarle
partido a esto. Tal vez pueda negociar que me diga su edad a cambio de mi
presencia en la fiesta de aniversario de La Mansión. Tengo que meditar
seriamente acerca de las ganas que tengo de saber su edad en comparación
con las pocas ganas que tengo de ir a la fiesta. Será complicado.
—¿Has hablado con Clive? —Sé que no lo ha hecho. Estoy siendo
pilla.
—¿Sobre qué?
—Sobre la mujer misteriosa.
—No, Paula. No he tenido tiempo. Te prometo que se lo preguntaré.
Siento tanta curiosidad como tú. ¿No tienes hambre?
Traza círculos con la lengua en mi oreja. Si sigue así, voy a quedarme
dormida. Al menos, no me ha mentido sobre Clive.
—Sí —contesto con un bostezo. Estoy hambrienta y agotada, pero no
voy a ceder—. No voy a dormirme hasta que me digas quién era esa mujer.
—¿Cómo voy a decírtelo si no lo sé?
—Sí que lo sabes.
—¡Que no lo sé, joder!
Me sobresalta su brusquedad, y entonces noto que me abraza con más
fuerza.—
Lo siento.
—Vale —digo tranquilamente, aunque no estoy para nada tranquila.
Hablaré con Clive por la mañana.
—Mi querida señorita está exhausta —susurra él—. ¿Encargamos
comida? —Me muerde el lóbulo de la oreja y me pasa la planta de los pies
por las espinillas.
—Tienes la nevera llena, ¡qué desperdicio!
—Ya, pero ¿te apetece cocinar?
La verdad es que no, pero él tampoco se ofrece. Claro está que
reconoció que cocinar es una de las pocas cosas que se le dan de pena.
¿Cuáles fueron sus palabras? Ah, sí... «No puedo ser excepcional en todo.»
Y lo dijo muy en serio, el muy capullo arrogante.
—Encarga comida.
Se revuelve debajo de mí.
—Voy a pedirla. Tú lávate el pelo.
Sale de la bañera y me la deja entera para mí sola. Lo veo abandonar
desnudo y empapado el cuarto de baño. Aparece a los pocos instantes con
champú y acondicionador para cabello femenino. Le estoy eternamente
agradecida. He maltratado mucho a mi pelo últimamente. Me dirige una
sonrisa y se agacha para darme un beso en la frente.
—Ponte encaje.
Desaparece del cuarto de baño y yo me dejo caer en la bañera y cierro
los ojos un rato, saboreando la paz y la tranquilidad del colosal baño
principal del Lusso. ¿Cómo he terminado aquí?


GRACIAS POR LEER!♥


6 comentarios:

  1. buenísimos los capítulos,me encantaron!!!

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  2. Hermosos capítulos ¡¡ jesy que intenso es este Pedro jajajajja

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  3. muy buenos sigo opinando que el planea embarazarla y si no lo esta esta muy serca le esconde la pildora cada ves que la compra y le besa la pansa siempre que onda jajja muy buenos ls 4

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  4. muy buenos los caps!!! el le esconde las pastillas no? no puede ser que se le pierdan siempreeeee!!!! jajajaja me mata lo mando que es!!! jajaja
    @nadiaa2012

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  5. Lo banco a morir pero en lo de esconder las pastillas se fue a la m... no puede decidir tener un hijo unilateralmente!!!

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