miércoles, 26 de marzo de 2014

Capitulo 103 ♥



Se me acerca y me aparto. No quiero estar cerca de él.
—Eso es, echa a correr. —Sigue avanzando, acortando la distancia a
cada paso—. Eres una calientabraguetas, Paula. Te tengo y no te tengo,
luego te tengo otra vez. ¡Decídete de una puta vez!
—¿Por qué no me dijiste que eras alcohólico? —pregunto cuando mi
espalda choca contra la pared. No puedo retroceder más. «¿Por qué no me
lo contaste todo?»
—¿Y darte otra razón para no quererme? —espeta. Luego parece darle
vueltas a algo—. ¡No soy alcohólico!
«¡Negación!» ¿Hasta qué punto es grave la situación? Nunca lo he
visto borracho.
Está delante de mí, mirándome desde arriba. Tan de cerca, sus ojos
parecen aún más oscuros y vacíos.
—Necesitas ayuda. —Se me quiebra la voz. Yo también voy a
necesitar ayuda.
—Te necesitaba a ti y... tú... tú me dejaste. —Su aliento es cálido,
pero no huele a menta, como siempre. Lo único que percibo son los
efluvios del alcohol. Los que dicen que el vodka no huele mienten.
Le planto las manos en el pecho para echarlo atrás, pero aplico una
presión mínima porque me da miedo tirarlo al suelo. Es increíble. Este
hombre alto, fuerte y musculoso no se tiene en pie. El tacto de su pecho es
el de siempre, el que yo conozco, pero es lo único de él que me resulta
familiar en este momento.
Da un paso atrás y vuelve a llevarse la botella a los labios. Quiero
quitársela y tirarla al suelo.
—Perdona, ¿estoy invadiendo tu espacio? —Se ríe—. Antes no te
molestaba.
—Antes no estabas borracho. —Se la devuelvo.
—No... cierto. Estaba demasiado ocupado follándote como para beber.
—Me mira asqueado y se inclina hacia mí—. Estaba demasiado ocupado
follándote como para pensar en nada. Y a ti te encantaba. —Suelta una risa
burlona—. Eras buena. De hecho, la mejor que he tenido. Y he tenido
muchas.
La ira se apodera de mí tan rápido que ni me doy cuenta de que mi
mano ha cobrado vida y le ha dado un bofetón. No hasta que empieza a
dolerme. ¡Joder, qué daño me hecho!
Permanece con la cara ladeada, tal y como se la ha dejado mi mano
iracunda. Luego la vuelve para mirarme, muy despacio.
—Ha sido divertido, ¿verdad?
Lo miro con desdén y niego con la cabeza. Es como si estuviera en
una película sin sentido. Estas cosas no pasan en la vida real. A mí no me
pasan. Clubs de sexo, locura desenfrenada y capullos alcohólicos. ¿Cómo
he acabado en este circo?
—Estás hecho una puta mierda.
—Cuidado con esa boca —dice arrastrando las palabras.
—¡No me digas cómo tengo que hablar! —le grito—. No tienes
derecho a decirme cómo debo hacer nada. ¡Ya no!
—Estoy-hecho-una-puta-mierda-por-tu-culpa —subraya. Arrastra
cada palabra y me hunde el índice en la cara. Me temo que voy a pegarle
un puñetazo en ese careto de borracho si no salgo de aquí ahora mismo.
Pero todas mis cosas están aquí y necesito cogerlas. No quiero tener que
volver nunca más.
Le doy un empellón y corro hacia la escalera. Con suerte, estará
demasiado borracho como para subirlas y podré recogerlo todo sin más
discusiones violentas. Subo lo más rápido que puedo, entro en el
dormitorio y vacilo unos instantes preguntándome dónde habrá puesto mi
maleta.
Encuentro mi bolsa de viaje guardada con pulcritud en el vestidor,
detrás de unas cajas de zapatos. Tiro de ella, descuelgo mi ropa de las
perchas y recojo mis cosas del suelo al mismo tiempo. Vuelvo al
dormitorio y me encuentro a Pedro en la puerta. Ha tardado más que de
costumbre, pero ha conseguido subir la escalera. Lo ignoro y me dirijo al
baño a toda prisa. Meto mis pertenencias en la bolsa sin comprobar si están
cerradas. Es probable que acabe con una pila de ropa manchada de champú,
pero me importa un pimiento. Necesito salir de aquí cuanto antes.
—¿Te trae recuerdos, Paula?
Pedro está acariciando la superficie de mármol del lavabo doble, muy
serio. Intento olvidar nuestro encuentro de la noche de la inauguración. Fue
en esta habitación donde finalmente me rendí a este hombre. En este cuarto
de baño hicimos el amor por primera vez. No, follamos por primera vez. Y
ahora todo va a acabar también aquí.
Me cierra el paso con su cuerpo tambaleante. No lleva consigo la
botella de vodka y la toalla está demasiado suelta. Intento salir pero me lo
impide. No hay manera de escapar.
—¿Te vas de verdad? —pregunta en voz baja.
—¿Creías que iba a quedarme? —pregunto exasperada. ¿Después de
todo lo que he visto hoy? Creía que podía sobreponerme a lo de La
Mansión y toda la mierda asociada a ella y ahora me encuentro con esto.
Mi mundo, que ya de por sí estaba hecho añicos, acaba de quedar reducido
a cenizas. Ni todo el amor del mundo podría arreglar este desastre. Me ha
montado en una montaña rusa. Me ha engañado y me ha manipulado a
propósito.
—Así que ¿se acabó? ¿Me has puesto la vida patas arriba, has causado
todo este daño y ahora te vas sin arreglarlo?
Lo miro estupefacta. ¿Se cree que es el único afectado por todo esto?
¿Me dice que yo le he puesto la vida patas arriba? Este hombre alucina
incluso borracho.
—Adiós, Pedro. —Lo dejo y corro hacia la escalera luchando contra el
impulso de mirar atrás. El hombre arrebatador del que me había
enamorado, el hombre al que creía que iba a amar el resto de mi vida, ha
sido cruelmente reemplazado por una criatura borracha y asquerosa.
—¡Quería decírtelo, pero te empeñaste en ser tan difícil como
siempre! —ruge a mi espalda—. ¿Cómo puedes irte? —Su crueldad me
provoca escalofríos, pero sigo andando—. ¡Paula, nena, por favor!
Mientras bajo la escalera, oigo un estrépito seguido de una colección
de golpes y objetos que caen. Corro aún más rápido. Cualquier sueño de
lanzarme a sus brazos fuertes y cariñosos se ha desvanecido por completo.
Mi final feliz con mi hombre arrebatador ha quedado reducido a la nada.
Podría haberme metido en una relación seria con Pedro sin tener la más
remota idea de sus oscuros secretos. ¿Cuándo los habría descubierto?
Debería dar las gracias. Al menos me he enterado antes de que fuera
demasiado tarde.
¿Antes de que fuera demasiado tarde?
Ya es demasiado tarde.
Me acerco a la puerta de casa de Kate como una zombi. Se abre antes
de que meta la llave en la cerradura.
Me mira con el rostro desfigurado por la confusión.
—¿Qué ha pasado? —me pregunta. Tiene los ojos abiertos como
platos y llenos de preocupación. Sam aparece detrás de ella. Una mirada
me basta para darme cuenta de que él sabe con exactitud lo que ha
ocurrido.
Mis doloridos músculos se rinden, incluso el corazón, y me desplomo
en el suelo sollozando incontroladamente. Soy a duras penas consciente de
que Kate me abraza y me acuna entre sus brazos, pero no me consuelan.
No son los de Pedro.

REITERO LA PREGUNTE DE AYER... ES EL FINAL?

GRACIAS POR LEER!♥


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