Me siento tremendamente aliviada cuando oigo el timbre de la puerta.
Mi padre y las conversaciones triviales no casan demasiado bien.
—¿Abres tú? —Pedro me da una palmadita en el trasero y me levanto.
—¿Quién es?
—No lo sé. Ve a ver.
Me empuja. Salgo de la cocina dejando a mi padre charlando con él y
me dirijo a la puerta de entrada. Nadie puede subir si no sabe el código, así
que debe de ser Clive.
Abro la puerta y me encuentro a Dan, a Kate y a Sam, todos juntos en
el vestíbulo del ático. En lo primero que pienso es que Dan y Kate a menos
de un kilómetro de distancia son sinónimo de mal rollo. Pero mi hermano
se acerca con una enorme sonrisa en la cara y yo me lanzo contra él
olvidando los dolores de mi espalda y la incómoda tensión que hay entre
mi mejor amiga y él.
—¿Qué haces aquí? —Lo abrazo con fuerza y él se echa a reír.
—Yo sólo hago lo que me mandan. —Me aparta para verme y luego
vuelve a abrazarme—. Tienes buen aspecto —dice con una amplia sonrisa
—. ¿Dónde está ese novio nuevo tuyo para que le advierta que lo mataré
como le haga daño a mi hermana?
Me entra el pánico al imaginarme a Pedro aguantando esas amenazas.
—En la cocina, pero no es necesario que hagas eso.
«¡Por favor, que no lo haga!»
Me mira con recelo.
—Es mi obligación —dice con rotundidad, y echa una mirada al ático
—. ¡Joder! —susurra mientras asimila lo que ve. Me suelta y empieza a
pasearse por el piso.
Kate se acerca a mí con una evidente expresión de inquietud dibujada
en su pálido rostro y me rodea con los brazos.
—Creo que ésta es la situación más incómoda en la que me he visto
en mi vida —me susurra al oído—. Es horrible.
Me echo a reír.
—No me aprietes tanto —digo apartándola ligeramente—. ¿Sam lo
sabe? —susurro.
—Perdona, y no. Pensé que igual se lo había imaginado cuando aquel
día comiendo me soltaste que venía, pero no tiene ni idea.
—¡Eh! ¿Qué pasa? —Sam aparta a Kate y me abraza suavemente—.
Estás loca —dice en voz baja.
—Lo sé —coincido. Loca de atar.
—No vuelvas a hacer eso —me reprende—. ¿Y mi colega?
—En la cocina.
Me suelta y entra en el ático. Miro a Kate y ella sacude la cabeza.
—Si hubiera podido elegir, no habría venido —me dice, agobiada—.
Vamos. —Me coge de la mano y nos dirigimos a la cocina.
Pedro está haciendo las presentaciones oportunas. La mirada cautelosa
de Dan oscila entre Pedro y Sam por varias razones.
Cathy aparece entonces de ninguna parte con Luis y tres camareros, y
Pedro abandona la conversación que tiene lugar en la isla de la cocina para
comentar unas cosas con ellos. Deja que Cathy lo bese en la mejilla, le
estrecha la mano a Luigi y después señala a los presentes en general y en
dirección a la terraza. Cathy lo manda callar y me saluda alegremente con
la mano.
—¿Qué pasa? —le pregunto cuando vuelve a mi lado junto a la isla.
—Vamos a cenar.
—¿Aquí?
—Sí. Le pedí a Luigi que viniera y que hiciera los honores.
Comeremos en la terraza. Hace buena noche.
Me coloca delante de él y me aparta el pelo de la cara.
—No puedo creer que hayas hecho todo esto.
Inclina la cabeza hacia un lado.
—Haría cualquier cosa por ti, ya lo sabes.
Deslizo las manos por las mangas de su chaqueta hasta llegar a sus
bíceps.—
Puede que mi hermano te amenace de muerte —digo sonriendo a
modo de disculpa—. ¿Te importaría darle el gusto?
Sus labios forman una línea recta.
—¿Te refieres a dejar que otro hombre me diga cómo tengo que
cuidar de ti? De eso, nada.
Dejo caer los hombros, ligeramente abatida.
—¿No has dicho que harías cualquier cosa por mí? —lo increpo
repitiendo sus propias palabras. No quiero ni imaginarme lo que debió de
costarle hablar con mis padres. Va en contra de todos sus instintos
naturales.
Me apoya el dedo debajo de la barbilla y me besa suavemente en la
comisura de la boca.
—Cualquier cosa —confirma—. Vamos.
Luego invita a todo el mundo a abandonar la cocina y a dirigirse a la
terraza, donde me encuentro que todo está preparado para un banquete. La
mesa exterior está perfectamente dispuesta, los calentadores están
encendidos para paliar el fresco de la noche, y las botellas de vino y de
cerveza se están enfriando en la nevera de bebidas que hay junto a la
enorme barbacoa de obra. Miro a Pedro con incredulidad. ¿Cómo ha
conseguido preparar todo esto sin que yo me diera cuenta? Me sonríe y me
hace un gesto de dormir. ¿Mientras yo me he pasado casi todo el día
durmiendo, él ha estado ocupado conociendo a mis padres y organizando
todo esto? Estoy anonadada.
Me encuentro en una especie de trance mientras la gente que más
quiero en el mundo charla, conversa, ríe y bebe a la mesa. Luigi y su
equipo preparan y sirven un exquisito festín italiano. Pedro deja todo el
tiempo una de las manos apoyada firmemente sobre mi rodilla y come sólo
con la otra. Me aprieta de vez en cuando, especialmente cuando Dan
empieza con sus amenazas de hermano mayor. Veo cómo Pedro se esfuerza
por parecer amable y simpático mientras charlan. Mi madre detecta el hilo
de nuestra conversación e interviene. Yo me siento tremendamente
agradecida. Reprende a Dan y le sonríe dulcemente a Pedro. Después
continúa hablando con Kate, quien, tras unas cuantas copas de vino, se ha
relajado un poco, aunque la tensión entre ella y Dan es palpable. Sam, sin
embargo, parece no enterarse de nada, y se dedica a hacer reír a mi padre
con vete a saber qué historias.
—Kate está rara —observa Pedro en voz baja mientras me llena el
vaso de agua—. ¿Se encuentra bien?
—Ella y Dan tienen un pasado en común —respondo también en voz
baja para que Dan no nos oiga—. Es complicado.
Pedro enarca las cejas, sorprendido.
—Entiendo. ¿Te ha gustado la pasta?
—Estaba exquisita. —Apoyo la mano sobre la suya encima de mi
rodilla—. Gracias.
—De nada, cariño. —Me guiña el ojo—. Ahora ya nada se interpone
entre nosotros, ¿verdad? —dice, y me mira ansioso.
—No, tenemos vía libre. —Sonrío y me derrito cuando me regala de
nuevo esa sonrisa reservada exclusivamente para mí con los ojos brillantes
de alegría.
—Me alegro de que digas eso. —Se pone de pie, acallando todas las
conversaciones de la mesa, y todas las miradas se vuelven hacia él.
Después aparta mi silla—. Ponte de pie —me ordena, y yo me levanto con
el ceño fruncido—. Disculpadnos unos minutos —dice a nuestros mudos
invitados antes de retirarse conmigo de la mano.
—¿Adónde vamos? —pregunto tras él.
Entonces se detiene, se da la vuelta y se postra sobre una rodilla
delante de mí, a tan sólo unos metros de la mesa. Oigo cómo mi madre
inhala súbitamente, y yo hago lo propio al instante. Bajo la vista y observo
boquiabierta cómo me coge la mano y me mira con sus ojos verdes y
cristalinos.
—¿Lo hacemos a la manera tradicional? —me pregunta en voz baja.
Me echo a temblar.
—Ay, Dios mío —exclamo a través del nudo del tamaño de un melón
que se me ha formado en la garganta.
Me vuelvo lentamente en dirección a la mesa y veo que todos nuestros
invitados observan atentamente. Mi madre se ha llevado la mano a la boca,
y mi padre tiene una pequeña sonrisa en los labios. Dan permanece
inexpresivo, y Kate y Sam están relajados en sus sillas, ambos sonriendo.
Mi corazón empieza a latir a gran velocidad y me vuelvo otra vez
hacia Pedro, con los ojos vidriosos. Acaba de conocer a mis padres. No
puede estar haciéndome esto, no delante de ellos.
—Los he importunado a todos —dice con ojos brillantes—, con
delicadeza —añade—. Incluso le he pedido tu mano a tu padre. —En su
boca empieza a formarse una media sonrisa, y un sollozo escapa de mis
labios—. Supongo que sabrás lo mucho que me costó hacerlo. —Me suelta
la mano y me coge por detrás de las piernas para acercarme a él. Yo apoyo
las manos en sus hombros—. Cualquier cosa, Paula —susurra.
Levanto las manos hasta su nuca y hundo los dedos en su oscura mata
de pelo rubio mientras me mira.
—Cásate conmigo, nena.
—Estás loco. —Sollozo, y me inclino para besarlo. Mis manos
descienden para cogerle la cara—. Estás completamente loco.
—Pero ¿seré un loco casado? —pregunta pegado a mi boca—. Por
favor, dime que este loco se casará contigo. —Tira de mis manos hasta que
yo estoy también de rodillas y me sostiene de los hombros con firmeza
mientras estudia mi rostro—. Tú eres lo único que me importa, y siempre
será así. Durante el resto de mi vida sólo estarás tú. Te quiero con locura.
Cásate conmigo, Paula.
Me dejo caer contra su pecho llorando sin parar y oigo cómo mi
madre empieza a gimotear.
—¿Eso es un «sí»? —pregunta, pegado a mi cuello.
—Sí.
—No puedo respirar —murmura, y se deja caer arrastrándome
consigo hasta que acabamos tirados en el suelo de la terraza. Toma mi boca
y me besa con adoración. Una vez más, mi ex mujeriego neurótico e
imposible me toma donde y como quiere, sin el menor pudor—. Te quiero
tanto. —Me coge la mano y vuelve a colocarme el anillo en el dedo.
Después me la besa y me envuelve de nuevo con su cuerpo, abrazándome
con fuerza.
—Yo también te quiero —le susurro al oído.
—Estoy tan contento. Eres el mejor regalo de cumpleaños que jamás he tenido.
«¿Qué?»
Levanto la vista y lo miro con ojos vidriosos. Él me sonríe, casi
avergonzado.
—¿Es tu cumpleaños?
—Sí. —Empieza a morderse el labio. Está preocupado.
—¿Hoy?
—Sí —asiente.
Lo miro con recelo.
—¿Cuántos años tienes?
—Treinta y ocho —responde sin vacilar.
Estallo de alegría.
—¡Feliz cumpleaños!
Él me bendice con esa sonrisa reservada sólo para mí y vuelve a
estrecharme contra su pecho y a hundir la nariz en mi cuello.
Me derrito junto a él.
Amo a este hombre, en toda su perfección y a pesar de su manera de
ser irracional e imposible. Me atrapó en seguida. Hizo que me enamorara
de él. Hizo que lo necesitara.
Apareció sin que lo esperara, y era tan apasionado y tan irresistible...
Y ahora es todo mío, y yo soy indiscutiblemente suya.
Por fin lo entiendo.
Por fin he llegado al interior de mi hombre.
GRACIAS POR LEER!♥
Wowwwwwwwwww, qué linda sorpresa le dio a Pau!!!!
ResponderEliminarayyyyyy ! mori de amor ♥ que hermoso capitulo... es un tierno Pedro !!
ResponderEliminarme encanto el amor todo lo puede besos espero el siguiente
ResponderEliminarque lindo!!! me encanto!!!
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