domingo, 20 de abril de 2014

Capitulo 183 ♥

Echo la cabeza hacia atrás y él se inclina y me besa la garganta
mientras me dirige de nuevo hacia la cocina. Me levanta. Yo me agarro con
las piernas a sus firmes caderas y hundo las manos en su cabello. Nos
quedamos mirándonos y él detiene sus movimientos, observándome
detenidamente antes de colocarme suavemente sobre la encimera.
Me coge de las mejillas y me mira directamente a los ojos. No hace
falta que diga nada, pero sé que va a hacerlo. Es como si quisiera
demostrar lo bien que se le da su talento recién descubierto. Ahora habla
conmigo.
Me acaricia con los pulgares.
—¿Quién está al mando, Paula?
Pongo los ojos en blanco.
—Tú.
—Te equivocas.
—¿Ah, sí? —digo, sorprendida. Él está al mando. Lo ha dejado
bastante claro.
—Tú lo estás. —Sonríe y yo frunzo el ceño—. Tú eres quien está al
mando, nena.
—Pero siempre insistes en que eres tú quien está al mando.
Se encoge de hombros.
—Me gusta que alimentes mi ego.
Me echo a reír.
—¿Estás de coña?
—No.
Dejo de reírme al ver que él no lo hace, aunque esto es bastante
gracioso. No hay duda de que manda él. ¿Qué le pasa ahora?
Me atraviesa los ojos con su magnífica mirada.
—Yo tengo el mando de tu cuerpo, Paula. Cuando esos preciosos ojos
están cargados de lujuria por mí, ahí es cuando tengo el poder. —Me suelta
las mejillas y desliza las palmas de las manos por el interior de mis
muslos.
Me pongo tensa, separo los labios y lo agarro de la chaqueta con los
puños.
Pedro sonríe, se inclina y me besa suavemente.
—¿Lo ves? —susurra, y aparta las manos de mis muslos y me quita
las manos de su pecho—. Y ahora el mando vuelve a ser tuyo.
Lo observo con una media sonrisa y entiendo perfectamente lo que
quiere decir.
—Por eso me follas hasta perder la razón, me haces la cuenta atrás y
me obligas a besarte cuando estoy furiosa.
Sonríe.
—Esa boca.
—¡Ahora que me has revelado tu secreto jamás dejaré que vuelvas a
tocarme!
Se echa a reír con ganas. Su pecho se hincha y echa la cabeza hacia
atrás. Creo que eso ya lo sabía. Por eso comienzo a correr conforme
empieza la cuenta atrás. Sé de lo que es capaz en cuanto me pone las
manos encima. Baja la cabeza de nuevo y observa mi rostro.
—Bueno, señor Alfonso. Después de todo el sexo que hemos practicado,
yo diría que usted posee la mayoría de las acciones de mando de esta
relación.
Sonrío cuando rompe a reír de nuevo. Da gusto verlo. Unas pequeñas
arrugas se forman alrededor de sus ojos verdes y hacen que brillen más
aún.
—Nena, nunca nos cansaremos de practicar sexo.
—Y eso te convierte en un hombre muy poderoso.
—Joder, Paula. —Me aparta el pelo de la cara y me agarra de las
mejillas de nuevo—. Te quiero tanto, tanto. Bésame.
—¿Te sientes débil?
Se inclina.
—Sí. —Sus labios rozan los míos suavemente y yo le cedo el control
que necesita y dejo que su lengua sature mis sentidos mientras ronronea en
mi boca y absorbe todo mi poder.
—¿Mejor? —le pregunto pegada a sus labios.
—Mucho mejor. Venga, señorita, tenemos un compromiso. —Me baja
de la encimera, apaga la música y recoge mi bolso del suelo—. ¿Lista?
—Ah, espera que te enseñe el mensaje. —Cojo el bolso y saco el
móvil. Casi lo había olvidado.
—¿Qué mensaje? —dice con el ceño fruncido. Es evidente que él
también.
—El que recibí desde el teléfono de John. —Busco en mi teléfono y
mi corazón empieza a latir de manera agitada. Eso es. Ahora es el
momento de sacarme esto de dentro. No da pie a confusión, así que no
puede negármelo. John jamás haría algo así—. Mira. —Le muestro el
teléfono y él lo coge. Mientras lee el mensaje, su arruga de siempre se va
formando y una expresión pensativa invade su rostro. Me mira un
momento y vuelve a centrarse en la pantalla. Está cavilando al respecto.
Después de lo que parece una eternidad, yo expectante y él mirando la
pantalla, por fin empieza a asentir ligeramente.
—Me encargaré de esto. —Tira mi teléfono sobre la encimera. Parece
muy cabreado.
Me relajo, un poco aliviada. Creo que esperaba que defendiera a Sarah
o que dijera que debía de haber sido otra persona, pero ¿quién iba a hacer
algo así? No necesito decir nada más. Por fin lo sabe, y siento un alivio
inmenso.
Mi teléfono empieza a sonar en ese momento, lo recojo de la
encimera y veo que el nombre de Ruth Quinn parpadea en la pantalla.
Exhalo un suspiro de agobio y rechazo la llamada. Pronto telefoneará a la
oficina y le dirán que hoy no trabajo.
—¿Quién era? —pregunta.
—Una nueva clienta. Una nueva clienta muy pesada.
Me quita el teléfono de las manos y vuelve a dejarlo sobre la
encimera. Después me estrecha contra su pecho.
—Hoy nada de trabajo. ¿Estás lista para nuestra cita?
Asiento contra su torso.
—Sí.
Me besa la cabeza, me libera y me ofrece el brazo como un perfecto
caballero. Sonrío, y entrelazo mi brazo con el suyo. Me guiña un ojo y me
guía afuera del ático en dirección al ascensor.
Nos reflejamos en todos los espejos que nos rodean. Allá adonde
miro, lo veo en todo su esplendor. Me abrazo a él y le paso la mano por
debajo de la chaqueta. No quiero soltarlo jamás. Entonces me observa con
el rabillo del ojo.
—Debería obligarte a echarme un polvo de disculpa aquí y ahora —
dice en voz baja.
—¿Te debo una disculpa?
—Sí. —Vuelve a dirigir la vista hacia adelante y yo lo miro a los ojos
en el reflejo de las puertas.
—¿Por qué? —Repaso en mi mente a qué puede estar refiriéndose, y
encuentro demasiadas cosas que, en la cabeza de Pedro, pueden tomarse
como ofensas. Pero esta mañana me he comportado de un modo bastante
dócil, y él ha sido bastante razonable.
—Me debes una disculpa por haberme hecho esperar demasiado
tiempo a que aparecieras en mi vida —dice, muy serio.
Sonrío y me pego a su lado. La verdad es que yo no he tenido que
esperar mucho a que él apareciera, dejando a un lado mis dos relaciones de
mierda anteriores. Mientras que él se enfrentaba a demasiados demonios,
yo estaba tan tranquila, llevando la vida de cualquier joven normal. Es
curioso.
Las puertas del ascensor se abren y me rodea los hombros con el brazo
mientras atravesamos el vestíbulo del Lusso.
—Clive. —Pedro saluda al conserje, que asiente bruscamente en
respuesta y continúa centrado en sus asuntos. Ni siquiera me ha mirado ni
me ha preguntado cómo estoy. Anoche oí su voz de preocupación cuando
Pedro me llevaba en brazos. ¿He vuelto a molestarlo?
Salimos al exterior y Pedro pulsa el botón del mando para abrir la
puerta del DBS.
—Ah, ha llamado Kate. Deberías devolverle la llamada —dice.
—¿Has vuelto a coger mi teléfono? —pregunto, pero él se encoge de
hombros ante mi acusación.
Suspiro y abro el bolso para sacar el móvil pero, después de rebuscar
un poco, me doy cuenta de que no está.
—Pedro, me he dejado el teléfono arriba.
Deja escapar un suspiro largo y exagerado para demostrarme las
molestias que le estoy causando.
—Toma. —Me da las llaves—. Date prisa o llegaremos tarde a cenar.
—Vale. —Vuelvo a atravesar el vestíbulo del Lusso a la carrera, miro
mal a Clive, que sigue ignorándome, y pulso el código del ascensor.
¿Cómo es que no continúa en la planta baja? Espero con impaciencia a que
baje de nuevo y entro corriendo cuando lo hace.
Salgo antes de que las puertas se hayan abierto del todo, meto la llave
en la cerradura y la dejo ahí mientras corro a la cocina. Me detengo
súbitamente y dejo escapar un grito ahogado al ver a dos personas sentadas
en los taburetes, ambas con un aspecto bastante amenazador.

GRACIAS POR LEER!!♥


2 comentarios:

  1. Espectaculares los 4 caps!!!! Me volviste a atrapar Jesy jaja.

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  2. muy buenos si son dos personas malas nose quien pueden ser, pero si son sercanas a ella el padre y la madre? nose quien puede ser me dejas con la intriga besos espero el siguiente

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