sábado, 26 de abril de 2014

Capitulo 199 ♥

—¡Joder! —exclama—. ¡No, Paula!
—Hazlo. —Le cojo la cara y le devoro la boca. Si persevero, es mío—. Hazme tuya —ordeno
arrastrando los labios por su mejilla.
Los atrapa cuando vuelven a pasar por su boca y me mete la lengua, con premura y furia. Casi lo
tengo. Nuevamente me levanto y me dejo caer y le arranco un fuerte gemido.
—Te gusta, ¿verdad? Dime que te gusta.
—Por Dios, Paula, para.
Arriba y abajo que voy, con más fuerza.
—Mmm... Sabes a gloria. —Lo estoy volviendo loco, y sé que lo desea porque podría detenerme
con facilidad—. Te necesito.
Lo sabía: esas palabras son su perdición. Suelta un grito de frustración y me releva, me coge con
firmeza de la cintura y me sube y me baja sin piedad.
—¡¿Así?! —grita, casi enfadado, y sé que es porque no puede resistirse a mí.
—¡Sí! —grito a mi vez.
De repente está de pie. Yo sigo con las piernas rodeando su cintura. Cruza el baño y me empotra
contra la pared.
—¿Lo quieres duro, nena?
—¡Fóllame! —chillo enloquecida, apretando las piernas y tirándole del pelo rubio ceniza.
—Mierda, Paula. ¡No seas tan malhablada!
Se retira y me baja, una y otra vez. Mis gritos de satisfacción resuenan en el aire.
—¿Mejor? —ruge clavándomela muy adentro sin miramientos—. Tú lo has querido, Paula. ¿Mejor
así?
Está muy cabreado.
Estoy contra la pared, absorbiendo su violento ataque, y quiero que lo sea aún más. He tenido dos
semanas del Pedro tierno. He tenido más que suficiente del Pedro tierno, pero no puedo hablar. Asiento
con cada embestida, mi forma de decirle que lo quiero aún más bestia. Lo quiero mucho más salvaje.
—¡Responde a la puta pregunta!
—¡Más fuerte! —grito tirándole del pelo.
—¡Joder!
Me embiste repetidamente con sus caderas, le flaquean las fuerzas, no logra mantener el ritmo,
pero yo estoy disfrutando de cada punzante estocada. Esto me va a compensar por las dos semanas de
ternura y delicadeza.
La base del estómago me arde y mi clímax es como una tromba rápida que me pilla por sorpresa,
sin darme tiempo para prepararme. Exploto, cierro los ojos, echo la cabeza atrás con un grito de
desesperación.
—¡Aún no he terminado, Paula! —grita recolocando las manos bajo mi culo y empujando como un
ariete.
Yo tampoco. El orgasmo me ha dejado mareada pero hay otro en camino y, gracias a su potencia
incansable, no va a tardar en llegar. Encuentro sus labios y le meto la lengua hasta la garganta. Aprieto
las piernas contra sus caderas hasta que me duelen y mis gritos y los suyos chocan entre nuestras
bocas.—
¡Sí! —Echo la cabeza atrás—. ¡Ay, Dios!
—¡Abre los ojos! —me ordena, severo.
Obedezco de inmediato y cierro los puños entre su pelo cuando se para en seco, sudando y
respirando agitadamente. El fuego en mi sexo retrocede de inmediato, pero entonces ruge y vuelve a la
carga. Me preparo para otra tanda. Me embiste, muy fuerte. Mi espalda choca contra la pared, grito
sorprendida pero él no me da tiempo para pensar. Sale y vuelve a entrar con una gloriosa y feroz
estocada. Ha perdido el poco control que le quedaba. Esto va a ser duro de verdad. Me agarro con más
fuerza a su pelo e intento flexionar las piernas para darle el acceso a mí que su cuerpo me pide.
—¿Te parece lo bastante fuerte, Paula? —dice volviendo a clavármela.
—¡Sí! —grito. Ni en sueños querría que parara.
No tiene piedad. Entra y sale de mí, cada vez con más fuerza. Me estoy quedando en blanco,
tengo el cuerpo flácido y estoy en la cúspide del placer. Pero entonces noto que mi espalda se aleja de
la pared y que me llevan a la cama. Prácticamente me tira sobre el colchón. Me pone a cuatro patas, se
coloca de pie detrás de mí y me coge de las caderas. Vuelve a penetrarme con una embestida brutal y
un grito frenético. Con cada embestida tira de mí para que mi culo choque contra sus fuertes caderas.
Hundo la cara en las sábanas, las agarro con fuerza y empiezo a sudar. Estoy empapada.
—¡Pedro! —grito, delirante, presa de una deliciosa desesperación.
—Tú lo has querido,Paula. Ahora no te quejes.
Me penetra de nuevo, aún con más fuerza. Está liberando toda la pasión animal que ha estado
reprimiendo durante demasiado tiempo. Ha perdido el control, y una pequeña parte de mí se pregunta
si lo está haciendo a propósito, si está intentando asustarme para que vuelva a desear el sexo
somnoliento. Si ése es su plan, es un fracaso total. Mi cuerpo necesita esto. Yo necesito esto.
Obligo a mi mente a volver al presente y a centrarse en recibir su potencia con los brazos
abiertos. La quiero toda para mí. La violenta acumulación de presión en mi vientre se abre paso hacia
mi sexo, lista para la explosión. Estoy segura de que me va a volar la tapa de los sesos.
—¡Más fuerte! —grito agarrándome a las sábanas.
—¡Paula! —Sus dedos se me clavan en las caderas, pero la crudeza de sus manos no me molesta lo
más mínimo. Estoy demasiado ocupada concentrándome en el orgasmo desgarrador que se avecina.
Vuelve a pillarme por sorpresa y el placer es tan tremendo que me pone en órbita. Grito, y él grita
también. Luego me desplomo sobre la cama, Pedro cae sobre mí y quedo cubierta por su cuerpo duro y
musculoso. Respira con dificultad contra mi oído y nuestros cuerpos bañados en sudor están
sonrojados y suben y bajan al unísono. Me siento repleta. Estoy exhausta pero me siento muchísimo
mejor. Por fin volvemos a ser nosotros mismos.
Gruñe y mueve las caderas en círculos, todavía muy dentro de mí. El fuego de su orgasmo me
reanima y me devuelve a la realidad. Lo echaba de menos.
—Gracias —jadeo cerrando los ojos. Los latidos acelerados de su corazón me golpean la espalda
y me reconfortan. Ni siquiera consigo reunir las fuerzas suficientes para preocuparme por el hecho de
que se haya corrido dentro. Tampoco es que importe.
No dice nada. Lo único que se oye en el enorme dormitorio es nuestra respiración alterada. Es
fuerte, dificultosa y satisfecha. Pero entonces se aparta de mí y la ausencia de su calor cubriendo mi
cuerpo hace que me vuelva para ver qué hace. Se está alejando, con las manos en la cabeza, y su
espalda desnuda desaparece en el cuarto de baño. Todavía estoy intentando bajar mis pulsaciones y
respirar a un ritmo normal, pero en vez de sentirme satisfecha y feliz, me siento intranquila y
culpable. Le he hecho perder el control. Lo he presionado, lo he tentado y le he hecho perder su
autocontrol, y ahora, a pesar de haberme salido con la mía, me siento culpable. Ha estado intentando
controlar sus exigencias sobre mi cuerpo, aunque el porqué es lo que debería preocuparme. No el
hecho de que lo haya estado haciendo, sino por qué. Yo lo sé, y no debería sentirme culpable, pero no
va así la cosa. He aceptado el hecho de que nunca lo entenderé del todo. He aceptado su forma de
actuar y que es un hombre imposible. Todo forma parte del hombre al que amo profundamente, del
hombre al que me une una conexión tan poderosa que nos vuelve locos a los dos. Compartimos una
intensidad que nos incapacita.

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