Aparece en el umbral del baño, todavía desnudo, todavía empapado y todavía intentando
controlar la respiración. Lo miro. Me mira.
Me incorporo y me llevo las rodillas al pecho. Me siento menuda y rara. No debería ser así entre
nosotros.
—Te he estado robando las píldoras —me suelta; su mandíbula se tensa y los músculos palpitan.
Lo dice sin remordimiento ni sentimiento de culpa, lo que hace que abra unos ojos como platos y
que enderece la espalda como un resorte. Su rostro está impasible y, aunque ya lo sabía, no deja de
sorprenderme. Oír cómo lo confiesa en voz alta no hace más que acelerarme el corazón aún más.
—He dicho que te he estado robando las píldoras —repite; parece enfadado.
No puedo ignorar este asunto por más tiempo. Sus palabras me acaban de sacar la cabeza del
suelo y ahora me siento descubierta y furiosa. Noto cómo la rabia latente entra en ebullición en mi
interior, intentando que la libere. Es como una olla a presión que lleva semanas al fuego pero con la
que no sabía qué hacer. Ahora lo sé. Sabía que había estado escondiéndome las píldoras. Su
comportamiento me lo confirmaba, aunque no estaba enfadada porque decidí ignorarlo como una
imbécil, como si el problema fuera a desaparecer. Mañana tendría que bajarme la regla y estoy segura
de que no lo hará. Este hombre, el loco de mi marido, acaba de confesarme sin ninguna vergüenza que
me ha estado robando las píldoras anticonceptivas, y ahora mi negación se ha convertido en ira
sanguinaria.
—¡Paula, por el amor de Dios! —Se lleva las manos a la cabeza, frustrado—. ¡Te he estado
robando las putas píldoras!
Salto de la cama.
Exploto.
Ni siquiera intento hablar con Pedro porque no hay nada de que hablar en esta situación. Camino
con decisión hacia él. Me observa atentamente, receloso, y cuando lo tengo delante le cruzo la cara de
un bofetón. La mano me duele al instante pero estoy demasiado cabreada para sentir el dolor. Se le ha
quedado la cara vuelta de lado, mira al suelo, y lo único que puedo oír es el sonido de nuestra
respiración, sólo que ahora ya no es profunda y satisfecha, sino que estoy jadeando a pleno pulmón.
Levanta la cabeza y, antes de darme cuenta, mi mano está asestando otro golpe, sólo que esta vez me
agarra la muñeca a escasos centímetros de su cara. La libero de un tirón y empiezo a pegarle
puñetazos en el pecho con las dos manos, frenética de la ira. Y él se deja. Se limita a quedarse quieto y
a aceptar la paliza enajenada que le propino en el torso. Mis puños lo golpean con insistencia mientras
le grito y le chillo. Soy patética, mis puños débiles contra sus músculos de acero, y cuando creo que
me voy a desmayar del esfuerzo, doy un paso atrás y pierdo el control sobre mis lágrimas y sobre mi
cuerpo.
—¡¿Por qué?! —le grito.
No intenta tocarme ni acercarse a mí. Se queda de pie en el umbral de la puerta, todavía
impasible. Ni siquiera ha aparecido la arruga, pero sé que debe de estar preocupado y que debe de
estar costándole mucho no sujetar a la fuerza a la loca de su mujer.
—Estabas haciendo como si nada, Paula. Necesito que lo aceptes. —Su tono de voz es dulce y
firme—. Necesitaba incitar algún tipo de reacción en ti.
—No me refiero a por qué me lo has contado. ¡Eso ya lo sé! ¡Me refiero a por qué coño lo
hiciste!
Aquí llega la arruga de la frente. Y el labio mordido. No sé por qué lo piensa tanto. No hay
atenuantes: su plan es de locos. Él está chiflado y yo también por haber estado haciendo como si nada
durante todo este tiempo.
—Me vuelves loco. —Niega con la cabeza—. Me haces hacer locuras,Paula.
—¡Ah, así que resulta que es culpa mía!... —grito—. Mis píldoras empezaron a desaparecer al
poco de conocerte.
—Lo sé. —Mira al suelo.
¡De eso, nada! Va a mirarme a la cara, no a huir así como así. Me acerco a su pecho hecha una
furia y le agarro la mandíbula para obligarlo a levantar la cabeza.
—No vas a huir de tus razones para hacerme esto. Tú solo has decidido qué rumbo iba a tomar mi
vida. ¡No quiero un puto bebé! ¡Es mi cuerpo! ¡No tienes derecho a decidir por mí! —Se me desgarra
la voz entre los gritos—. ¡Dime por qué coño me has hecho esto!
—Porque quería tenerte conmigo para siempre —susurra.
Le suelto la mandíbula y doy un paso atrás.
—¿Querías atraparme?
—Sí —responde, agachando de nuevo la cabeza.
—Porque sabías que saldría pitando en cuanto descubriera a qué te dedicabas y lo de tu problema
con la bebida.
—Sí. —Se niega a mirarme.
—Pero cuando descubrí lo de La Mansión y el problema con el alcohol volví y, aun así, seguiste
robándome las píldoras.
Este hombre no tiene ni pies ni cabeza.
—No sabías nada de mi pasado.
—Ahora lo sé.
—Lo sé.
—¡Deja de decir que lo sabes! —chillo agitando los brazos delante de él. Estoy perdiendo el
control otra vez.
Levanta un poco la vista pero no me mira. Mira a la habitación, a todas partes menos a mí. Está
avergonzado.
—¿Qué quieres que diga? —pregunta en voz baja.
No lo sé, así que me meto en el vestidor. Llevo casada un día con este hombre y voy a dejarlo, no
sé qué otra cosa hacer. Cojo unos vaqueros viejos y me los pongo de un tirón.
—¿Qué estás haciendo? —Está aterrorizado, como imaginaba. Jamás lidiará con lo que ha hecho,
y yo tampoco si me quedo. Esto me ha caído como una bomba—. Paula, ¿qué diablos estás haciendo?
—Me arranca la bolsa de la mano—. No vas a dejarme. —Suena a súplica y a orden.
—Necesito espacio. —Cojo la bolsa y empiezo a llenarla de ropa.
—¿Espacio para qué? —Me coge del brazo pero me libero de un tirón—. Paula, por favor.
—¿Por favor, qué? —Estoy metiendo la ropa en mi bolsa como una loca, pero me temo que
volveré a mirar a Pedro si no me centro en esta tarea, y ahora mismo no soporto mirarlo. Sé lo que voy
a ver.
Miedo.
—Paula, por favor, no te vayas.
—Me voy.
Me vuelvo, paso junto a él y lo dejo atrás, camino del baño a por mis cosas de aseo. No intenta
detenerme y sé por qué, por lo mismo que ha sido tan delicado conmigo durante semanas: cree que le
hará daño a su bebé.
Me pisa los talones pero yo sigo recogiendo mis cosas, luchando contra la increíble necesidad de
pagarlo con él, pero al mismo tiempo lucho contra la necesidad de consolarlo. Estoy hecha un lío.
—Paula, por favor, vamos a hablarlo.
Me vuelvo, incrédula.
—¿Hablarlo?
Asiente con mansedumbre.
—Por favor.
—No hay nada de que hablar. Has hecho la cosa más sucia que se puede hacer. Nada de lo que
digas me hará entenderlo. No tienes derecho a tomar decisiones como ésa. No tienes derecho a
controlarme hasta ese punto. ¡Es mi vida!
—Pero tú sabías que te las estaba quitando.
—¡Cierto! Pero desde que te conocí me has hecho pasar por tantas mierdas que ni siquiera pude
pensar en lo jodido que era lo que estabas haciendo. Esto es muy jodido, Pedro, y no hay nada que lo
justifique. Que quisieras tenerme siempre a tu lado no es razón suficiente. ¡No puedes tomar esa
decisión tú solo!
Intento tranquilizarme pero es una batalla perdida.
—Además, ¡¿qué hay de mí?! —le grito a la cara—. ¡¿Qué hay de lo que yo quiero?!
—Pero yo te amo.
Estoy agarrando la bolsa con tanta fuerza que se me duermen los dedos. Estoy perdiendo el
juicio. Lo dejo atrás y bajo la escalera lo más rápidamente que puedo.
—No te vayas, Paula. Haré lo que sea. —Sus pasos pesados se acercan, pero está desnudo y,
aunque sé que no tiene vergüenza, también sé que no saldría desnudo a la calle.
Cuando llego a la puerta, me vuelvo para mirarlo.
—¿Harás lo que sea?
—Sí, ya lo sabes.
Está tan asustado que estoy a punto de abrazarlo. Incluso ahora, cuando acaba de confesar que me
ha estado robando las píldoras, me cuesta no caer en sus brazos. Pero si le dejo pasar ésta, estaré
sentando las bases para toda una vida de manipulación. No puedo hacer eso. Necesitamos pasar un
tiempo separados. Esto es demasiado intenso y tal vez debería haberlo pensado antes de casarme con
él, pero ahora es demasiado tarde. Es posible que haya cometido el mayor error de mi vida.
—Entonces vas a darme espacio —espeto.
Y me voy.
*
Kate no está en casa, así que subo directa a mi antigua habitación. Permanezco sentada en la cama
durante una eternidad, ignorando el tono de Angel, de Massive Attack, que suena sin cesar en el
móvil. Al final me levanto y me paso una hora en la ducha.
Bajo el agua caliente, con jabón por todas partes, me paso la esponja ausente y sólo me detengo
al llegar al vientre. Me siento carente de emoción. No tengo ningún instinto maternal que me impulse
a acariciarme la barriga. Nunca he pensado en la maternidad. Soy demasiado joven y tengo una
floreciente carrera en la que centrarme. Nadie debería tomar por mí una decisión que me cambie la
vida. No tenía ningún derecho a hacerme esto. Pero tampoco tenía derecho a hacerme suya con tanto
empeño, y lo hizo. No tiene derecho a decidir cómo me visto, pero lo hace. Y no tiene derecho a
fastidiarme la vida con su forma imposible e irracional de ser... pero lo hace. Y yo lo dejo. Me
rebelo contra muchas cosas pero al final se sale con la suya. No obstante, esta vez no. Esta locura se
pasa de la raya. Nunca cambiará. No puede, no en lo que a mí respecta. Va a pasar por encima de
toda mi vida porque no puede evitarlo. He aceptado muchas cosas sobre Pedro, pero me doy cuenta
de que no puedo, y no voy, a aceptar ésta.
Salgo de la ducha y me seco antes de volver a mi habitación. Miro el teléfono. Sólo hay una
llamada perdida desde la última vez que las borré. Me sorprende, pero entonces el móvil vibra en mi
mano. Es un mensaje de texto.
"No puedo vivir sin ti, Paula."
Dejo escapar un suspiro pero no contesto porque no sé qué decir.
No me molesto en secarme el pelo ni en ponerme crema corporal. Me visto con una camiseta
holgada y unos pantalones de chándal y me tapo con las sábanas de mi vieja cama. Es dura, tiene
algunos muelles sueltos, y Pedro no se encuentra en ella pero estoy sola, que es lo que necesito en
este momento.
GRACIAS POR LEER!! MAÑANA SUBO MÁS!!
Wow buenisima la nove!!!
ResponderEliminar:( que poco me duro la felicidad ¡¡ jajajajaj. No se q se asusta tanto , si ella ya lo sabia y tampoco hizo nada ¡¡
ResponderEliminarohhh era sabido que se iva a enojar asi , pero con eso aprendera pedro que no la tiene que manejar como el quiere le tiene que dar su lugar , muy buenos cap besos espero el siguiente
ResponderEliminarwowwwwwwwwwwwwww. qué caps x favor!!!!!!!!!!!!!!!!!! Buenísimos los 5, uno mejor que el otro!!!!!!!!!!!!!!!
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