sábado, 12 de abril de 2014

Capitulo 158 ♥

Hay cosas que necesito saber. Y no me refiero a sus conquistas
sexuales pasadas. Saber exactamente con cuántas mujeres ha estado no me
va a servir de nada, salvo para ponerme terriblemente celosa.
—Está bien. Dispara. ¿Qué quieres saber? —Suspira pesadamente y
yo pongo cara de pocos amigos—. Perdona. —Al menos tiene la decencia
de mostrarse arrepentido. Mantiene las manos sobre las mías, que
descansan sobre su pecho.
—¿Quién era la mujer de anoche?
—Coral —responde directamente y sin vacilar, como si esperara la
pregunta.
Pongo los ojos en blanco.
—Ya sé que se llama Coral. Pero ¿quién es?
—Es la esposa del enano capullo al que expulsamos de La Mansión el
día que descubriste el salón comunitario.
Anda. Me remonto mentalmente a aquel día funesto y recuerdo a la
criatura insidiosa y despreciable que no paraba de lanzar improperios de
que me iba a follar como Pedro había hecho con su mujer y de que iba a
dejar un reguero de mierda.
—¿Tuviste una aventura con ella? —espeto al darme cuenta de la
obviedad.
—No. —Niega con la cabeza con el ceño fruncido—. Vinieron a
verme porque buscaban a alguien para que participara en un trío.
Me estremezco un poco. No es necesario que siga profundizando en
eso. Él mismo se ofreció.
—¿A ti? —susurro. Él asiente, casi avergonzado—. ¿Por qué lo
hiciste?
—Ella me lo pidió.
—Se enamoró de ti.
Abre los ojos un poco más al oír mi conclusión. Es evidente. Se
revuelve incómodo debajo de mí.
—Supongo que sí.
Vaya. Eso acaba de generar nuevas preguntas. No me sorprende
mucho que se enamorara de él. Lo que quiero saber es la razón de su visita
a La Mansión anoche y por qué pasó Pedro tanto tiempo en su despacho con
ella.
—¿Qué quería ayer? Desapareciste mucho rato.
Inspira profundamente y me atraviesa con una mirada decidida.
—Ha dejado a Mike... por mí. Y no sé por qué. Nunca le he dado
motivos para pensar que le correspondía. —Se detiene un instante y evalúa
mi reacción. No estoy segura de cómo me siento. Todavía no me ha dicho
qué hacía ella en La Mansión. Suspira y continúa—: Él la ha echado de
casa, se ha quedado con su coche y le ha quitado todas las tarjetas. No tiene
nada.
—¿Y fue a pedirte ayuda? —pregunto.
—Sí.
—¿Y qué le dijiste? —No sé si me va a gustar la respuesta a esta
pregunta.
—Le dije que haría lo que pudiera. —Empieza a morderse el puto
labio. Estaba en lo cierto. No me gusta la respuesta. ¿Qué puede hacer él?
Ayudándola sólo la alentará y le dará esperanzas de que las cosas pueden ir
a más. Inclino la cabeza ligeramente.
—¿Tiene esto algo que ver con la policía?
Ríe ligeramente. No entiendo por qué, no tiene gracia.
—Mike está jugando sucio. Denunció a la policía que la mitad de mis
empleados son inmigrantes ilegales. Pero eso se solucionó bastante rápido
y no pasó nada. Sólo se trató de un pequeño contratiempo.
—¿Por qué no me contaste todo esto en lugar de dejar que diera rienda
suelta a mi imaginación?
Frunce el ceño.
—¿Para qué iba a preocuparte con algo tan trivial?
Entiendo su postura pero, aun así, debería habérmelo contado, sobre
todo si implicaba a otra mujer que ansiaba tener a mi hombre imposible.
Le sostengo la mirada mientras continúa acariciándome las manos con los
pulgares.
—Entonces ¿participaste en el trío y eso fue todo?
—Sí. —Se revuelve y aparta la mirada.
—Me estás mintiendo. —Aprieto los dientes—. Hubo algo más,
¿verdad?
—No exactamente. —Se revuelve de nuevo, todavía sin mirarme a la
cara—. ¿Es necesario seguir con esto? —pregunta, irritado—. Ella se
equivocó al pensar que yo quería algo más. No era así. Fin de la historia.
—Pero tuviste una aventura con ella.
—¡Sí!, ¿vale? Sí que la tuve, pero era sólo sexo, nada más. —Sus ojos
verdes se tornan feroces—. Dejémoslo estar ya.
—Una vez me dijiste que nunca habías querido follarte a ninguna
mujer más de una vez, sólo a mí. —Jamás olvidaré ese comentario y, por
estúpido que suene, después de todos los tantos que Pedro se ha anotado
conmigo en su cama gracias a él, me gustaría pensar que sólo se ha
acostado más de una vez conmigo.
—Yo nunca dije que no me hubiera acostado con ninguna mujer más
de una vez. Lo que dije es que nunca he querido estar con una mujer más
de una vez. No era más que un medio para lograr un fin. Me lo ofrecía en
bandeja.
—Entonces ¿te has follado a más mujeres más de una vez? —digo,
herida. Qué ridículo. Era un mujeriego hedonista antes de conocerme. Y sé
que estoy pisando un terreno que, sin lugar a dudas, va a despertar unos
celos atroces en mí.
—¡Paula, vigila ese lenguaje!
—¡No! ¡No cuando me estás contando que te has follado a otras
mujeres! No soy la única a la que te has follado más de una vez, ¿verdad?
Me gruñe y yo lo miro con el ceño fruncido.
—No —admite, y me sigue acariciando las manos con los pulgares,
aunque más de prisa—. Pero tienes que entender que ninguna de ellas ha
significado nada para mí. Sólo las usaba, las trataba como objetos. No
estoy orgulloso de ello, pero es la verdad. Y eran conscientes de la
situación,Paula. Todas querían algo más, pero sabían que no podían
esperarlo. Ahora, en cambio, han visto que sí que puedo ser un hombre de
una sola mujer.
Me están entrando náuseas. Sabía que esta conversación iba a
revolverme el estómago. ¿Y cuántas de ellas van a aparecer reclamando a
mi obseso controlador y neurótico? La mujer de Mikael ya lo ha hecho, y
ahora también Coral.
—Sigue enamorada de ti —digo en voz baja. Ésa es la otra razón por
la que Coral estaba en La Mansión anoche—. No puede tenerte. Ninguna de
ellas puede —añado para que sea consciente de que sé que vendrán más.
Siento como si me estuviera preparando para la guerra.
Su mirada se relaja y en su boca se forma una media sonrisa.
—No puede, ya se lo he dicho. Ninguna de ellas puede. Soy sólo tuyo.
—Y tampoco quiero que ayudes a Coral. No es justo que esperes que
me parezca bien.
—Paula, no puedo darle la espalda. —Parece sorprenderle lo que le
exijo. Me quedo estupefacta. ¿Qué pasa? ¿De repente tiene conciencia?
—Está bien. Entonces yo seguiré trabajando para Mikael. —No sé por
qué acabo de decir eso. Soy una estúpida. Su mirada ha pasado de suave y
tranquilizadora a tornarse oscura y severa. ¿Cuándo aprenderé?
—Espero que retires eso. —Su pecho comienza a agitarse debajo de
mí, y su mandíbula se tensa hasta el punto de partirse. Así es exactamente
como me hace sentir a mí que él ayude a Coral.
—No —espeto. Estoy tentando mi suerte.
—Tres —empieza.
—¡De eso, nada! —Hago ademán de bajarme de su cuerpo, pero me
agarra las manos con fiereza y me lo impide.
—Dos.
—¡No! ¡No voy a aceptar una cuenta atrás en este asunto! De eso,
nada, Alfonso. ¡Puedes coger el cero y metértelo por el puto culo! —Intento
liberarme y mi cabreo va aumentando conforme más fuerte me sujeta.
—¡ESA BOCA! —De un tirón, me pone boca abajo sobre la cama y
me cubre con su cuerpo—. Uno.
—¡Que te den! —No pienso retractarme.
—Cero, nena. —Desplaza los dedos directamente a mis caderas y los
clava justo en mi punto débil con fuerza.
Lanzo un grito y me sume en un infierno con sus incesantes
cosquillas. Joder, no para, y de repente siento que la vejiga me va a
reventar.
—¡Vale, vale! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento! —No puedo
soportarlo más.
Para inmediatamente y me da la vuelta. Su cuerpo sigue atrapándome
contra la cama.
—Bésame —me ordena, y se inclina un poco hasta que sus labios
planean sobre los míos.
Levanto la cabeza y lo beso con pasión mientras exhala en mi boca un
sonido gutural de pura satisfacción. Estoy furiosa. Estoy furiosa con él por
hacer como si no tuviera de qué preocuparme con Coral. Estoy furiosa
porque ha accedido a ayudarla. Estoy furiosa porque ella está enamorada
de él. Estoy furiosa porque muchas otras mujeres también lo quieren, y
estoy furiosa conmigo misma por ceder a sus órdenes.
Me muerde el labio y lo arrastra entre sus dientes.
—Para mí sólo existes tú, Paula. Te quiero.
—Sólo yo.
—Buena chica. —Me regala una sonrisa, mi sonrisa—. Y ahora que te
he follado tengo que alimentarte.
Quiero corregirlo. En realidad, me ha esposado a la cama, se ha
masturbado sobre mí, se ha corrido en mi boca y me ha exigido que me
case con él.
—¿Va a venir Cathy? —pregunto.
—No, tiene los fines de semana libres. Arriba. —Me agarra de los
brazos y me incorpora. Se levanta de la cama, recoge los artilugios que
antes ha tirado al suelo y vuelve a meterlos en la bolsa dorada de seda.
Observo cómo desaparece en el vestidor y sale unos instantes después
ataviado con los pantalones de pijama verdes de cuadros, mis preferidos, y
sin camiseta. Me recuesto para admirar su cuerpo.
—¿Piensas pasarte todo el día ahí tumbada?
Alzo la vista y veo que me está mirando. Cruza los brazos sobre su
pecho y flexiona los músculos. Me paso la lengua por el labio inferior.
—Prometiste que nos levantaríamos tarde —le recuerdo.
Se acerca, me coge del tobillo y tira de mí hasta el extremo de la
cama. Apoya sus rígidos brazos, hunde los puños en el colchón a ambos
lados de mi cabeza y me dice:
—Dime que somos amigos.
—Somos amigos —susurro. ¿No había quedado claro ya?
—Dime que me quieres. —Frota su nariz contra la mía.
—Te quiero.
Sus ojos verdes brillan y sus labios forman una sonrisa.
—Dime que vas a casarte conmigo.
—Voy a casarme contigo.
—Estoy ansioso. Bésame. —Su tono ronco hace que la cabeza me dé
vueltas.
Le rodeo el cuello con las manos y lo beso con adoración. Siento
cómo sonríe pegado a mi boca mientras se levanta de la cama con mis
brazos a su alrededor. Mis muslos rozan sus caderas y me agarro a él con
las piernas. Sigo besándolo mientras me lleva al cuarto de baño y cuando
despega mis piernas de su cuerpo con la mano libre gruño disgustada y él
se echa a reír.
—Lávate los dientes. Voy a preparar el desayuno. —Se lleva las
manos al cuello y me aparta los brazos.
—¿Necesito lavármelos? —pregunto, un poco herida.
—No, pero pensaba que quizá querrías hacerlo.
Me da la vuelta, me pone de cara al espejo y me besa en el hombro.
Después me da una palmada en el culo y sale del baño.
¿Así que voy a casarme con él? Tengo que hablar con mis padres, y
pronto. Me estoy temiendo la conversación. Observo mi imagen en el
espejo. Mi pelo oscuro es una masa de ondas enmarañadas. Tengo los ojos
brillantes, los labios rosados y las mejillas encendidas. No estoy mal.
Sin darme cuenta, cojo el cepillo de dientes, vierto un poco de pasta
sobre las cerdas y medito sobre lo bien que me siento. Nunca me había
sentido tan fresca y vital. Sólo hay un motivo para eso, y se llama don
Imposible. Joder, a Kate le va a dar algo, y no quiero ni pensar lo que mis
padres van a pensar de todo esto. Después de lo de Matias, mi madre me dijo
que no me prendara demasiado del primer hombre que me mostrara un
poco de atención. No creo que le haga mucha gracia que, de hecho, vaya a
casarme con el primer hombre que me ha prestado algo de atención.
Definitivamente tengo que decírselo con mucho tiento.
Comienzo a cepillarme alegremente los dientes mientras me aparto un
mechón de pelo suelto de la cara con la otra mano. Algo llama mi atención
de inmediato.
«¿Qué coño es eso?»

GRACIAS POR LEER!♥

3 comentarios:

  1. Buenísimos los 3 caps!!!! Pero me gustaría que Pedro cambie y no sea tan autoritario y tan posesivo con ella.

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  2. buenísimos los capítulos,me encantaron!!!

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  3. muy buenos me encantaron nos dejas con un final picante pero nose se meda que vio las pastillas que le desaparecieron jajaj nose porque mi vino eso a la cabeza espero el siguiente beso s

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