Los invitados para la fiesta han llegado. Nos acosan, nos besan y nos colman de buenos deseos
a cada paso que damos al intentar llegar al bar. Cuando al fin lo conseguimos, Pedro me coloca en mi
taburete y me tiende un vaso de agua. ¿Agua? Miro el líquido transparente y luego a Pedro, al que se
le da muy bien poner cara de inocente. ¿Agua?
Tessa se acerca echando humo, parece tan ofendida como mi pobre madre.
—¿Dónde estabais? —pregunta mirándonos a uno y a otro con incredulidad—. ¡Teníais que
cortar la tarta!
Pedro abre una botella de agua y le da un buen trago sin inmutarse por la preocupación de Tessa.
—No pasa nada.
La mujer niega con la cabeza sin poder creérselo y se va muy digna hacia la entrada. Creo que
va a marcharse. Por lo que parece, sus servicios ya no son necesarios.
—¿No quieres cortar la tarta? —pregunto mientras levanta mi muñeca para enroscar el tapón de
la botella—. Kate hizo el pino puente para poder tenerla lista en tan poco tiempo.
Me coloca bien mi diamante.
—Entonces será mejor que no la estropeemos —dice, muy serio.
—Eres imposible —suspiro echando un vistazo al bar.
Sam y Drew le están dando conversación a mi padre, que tiene las mejillas sonrosadas. Mi
madre está disfrutando de ser el centro de atención. No me cabe duda de que está ofreciéndose para
enseñar la casa y los jardines. Kate tiene pinta de estar borracha. Tom me dice hola con la mano y
Victoria me dedica un saludo muy femenino antes de buscar a Drew con la mirada y atusarse los
rizos rubios. La pobre Sal está intentando encajar. Sigue resplandeciente, pero su nuevo amor no
está. Sonrío y miro a Pedro, justo en el momento en que Tessa reaparece hecha una fiera.
—Muy bien, he hablado con Alejandra —sisea—. En breve vamos a cortar la tarta y le seguirá
el primer baile, así que no volváis a desaparecer.
Se va, no muy contenta, y sonrío. Seguro que se arrepiente de haber aceptado este trabajo.
—¿Estás bien, nena? —Su mano tibia me acaricia la mejilla.
—Sí —contesto, pero la verdad es que no. Me he peleado con mi hermano, cosa que no había
ocurrido nunca.
—Pues no lo parece. Te dije que quería que lo pasaras bien hoy.
Me río para mis adentros. Para eso tendría que dejarme beber y no debería haber sacado el tema
que más dolores de cabeza me da en este momento.
—Estoy bien —suspiro y le doy un buen trago a mi botella de agua. Mierda de agua.
Patrick e Irene se acercan. Mi jefe, que es como un oso de peluche, lleva una enorme bolsa de
regalo de color marfil. Su esposa es una montaña de estampado animal. Creo que es un vestido y es
muy llamativo. Miro a Pedro.
—Aquí llega Patrick. Me has dado hasta el lunes, acuérdate. —Necesito que lo tenga presente.
Pedro se vuelve para verlo.
—Me acuerdo. Pero sólo tienes hasta el lunes.
—¡Flor!
Patrick me da la bolsa de regalo y un beso en la mejilla, luego le ofrece la mano a Pedro.
—Señor Alfonso —saluda, y una arruga aparece en su frente cuando ve las esposas.
—Por favor, llámame Pedro. Gracias por venir —dice él aceptando la mano de mi jefe.
—Vale, Pedro —Patrick aparta la vista de nuestras muñecas—, te presento a Irene.
Señala a su esposa, que se acerca con una gran sonrisa en la cara. Me hace gracia: es el efecto
Pedro.—Encantada de conocerte. —Está a un paso de la risa nerviosa.
—Igualmente. —Pedro le dedica su sonrisa especial para mujeres e Irene se desintegra en el
acto. Es increíble—. Pedid lo que queráis, el personal del bar os cuidará bien.
—¡Gracias! —dice ella, entusiasmada—. ¡Este hotel es maravilloso!
—Hola, Irene —saludo con una sonrisa. Aparta los ojos golosos de mi marido y repara en mí.
Es una mujer que da miedo, aunque no en este momento. Está demasiado ocupada metiendo la barriga
y poniéndose recta—. ¿Cómo estás?
—¡Fenomenal! —Me echa el aliento en la cara—. Paula, estás impresionante.
—Gracias. —Me ha pillado por sorpresa. Nunca antes me había dedicado un cumplido. Jamás.
Y no esperaba que fuera a hacerlo ahora. Normalmente sólo habla sin parar de su vida social y
cotillea sobre sus amigas.
Patrick coge a su mujer del codo y se la lleva.
—Vamos a tomar algo —dice poniendo los ojos en blanco, y le sonrío con afecto a mi jefe. Sé
que su mujer lo pone de los nervios.
—Una mujer interesante —musita Pedro mirando asustado su cuerpo cubierto de estampado de
leopardo que se aleja bamboleándose.
Me echo a reír.
—Le da muy mala vida a Patrick.
—Ya me lo imagino.
—Ahí está John —digo mirando detrás de él.
El grandullón se acerca a nosotros con las gafas de sol puestas y la misma expresión de pocos
amigos de siempre. Mira fijamente las esposas hasta que nos saluda con una inclinación de la cabeza.
Se la devuelvo.
—Tengo que hablar contigo, Pedro. —Está muy serio, no me gusta, y la forma en la que
parpadea Pedro no me ayuda a sentirme mejor.
Busca en su bolsillo, saca la llave de las esposas y libera mi muñeca de la manilla.
—¿Qué haces? —pregunto retirando el brazo.
—John tiene que hablar conmigo —dice apretando los dientes.
—Ah, no —me río—. No vale que me sueltes cuando a ti te conviene. De eso, nada, Alfonso. —
Observo a John, cuyo rostro permanece impasible.
—Vuelvo en seguida, Paula —repone cogiéndome de la muñeca.
—¡No! ¿Adónde vas? —Miro de nuevo a John—. ¿Adónde va?
—Todo va bien.
—¡No! ¡Y una mierda va bien! —Levanto demasiado la voz y Pedro me lanza una mirada
asesina. Me da igual. No puede hacerme esto. No puede librarse de mí cuando le conviene. Es el día
de mi boda.
—¡Esa boca! —masculla acercándose a mi oído—. Volveré dentro de cinco minutos. No te
muevas de aquí, Paula.
Retrocedo ante su agresividad, atónita al ver cómo me libera de las esposas un segundo antes de
marcharse con John. Estoy sentada en un taburete, la novia con su vestido deslumbrante, luciendo
diamantes y con todos los invitados pasándoselo bien, hablando, riendo y bebiendo. Yo sólo quiero
irme a casa. Tengo ganas de llorar. Me siento ignorada y estoy muy, muy dolida. Me bajo del
taburete, decidida a aprovechar mi libertad al máximo y a ir a hacer pis. Es posible que también llore
un ratito. Necesito alejarme de toda esta gente antes de que las lágrimas empiecen a rodarme por las
mejillas. ¿Qué me pasa?
—¿Adónde vas, cariño? —pregunta mi madre acercándose.
Finjo sonreír. Ha tomado demasiados sublimes. Ya no lleva el pelo perfecto y no parece
importarle, señal de que está un poco pedo.
—Al baño. Ahora vuelvo.
—¿Necesitas que te ayude? No sé dónde está Kate. —Recorre el bar con la mirada.
—No, puedo sola.
Dejo a mi madre y me dirijo a los servicios en busca de un poco de privacidad y de tiempo para
mí.
Abro la puerta y me planto delante del espejo para ver mi cara de pena. Ya no soy una novia
resplandeciente. No me brillan los ojos ni luzco una bonita sonrisa de felicidad. Estoy como si me
hubiera arrollado un camión y tengo las emociones a flor de piel. Dejo escapar un hondo suspiro y
me pellizco las mejillas para intentar darles algo de color. Estoy cetrina.
—¡Ay, Dios! ¡Ay, Dios!
Levanto la cabeza y me vuelvo para ver de dónde proceden los gemidos. Me quedo quieta y
contengo la respiración mientras oigo jadeos y movimiento en uno de los cubículos. ¿Hay alguien
haciéndolo en los baños? ¡No! Me recojo la falda del vestido para salir. Esto podría resultar muy
embarazoso. Doy el primer paso a toda prisa pero me quedo helada al ver que la puerta se abre y
Kate aparece tambaleándose.
Trago saliva y se me cae el vestido de las manos.
—Pero ¿qué haces? —pregunto, incrédula. Sé que Sam estaba un poco fastidiado por haber
tenido que aparcar sus peculiares actividades durante algún tiempo, pero podrían haber aguantado un
poco más.
Se tensa de pies a cabeza. Los rizos rojos, despeinados, le tapan media cara.
—¡Mierda! —dice en voz baja arreglándose el vestido.
—¿Es que no podíais esperar? —pregunto, horrorizada y un poco aliviada también por no haber
pillado in fraganti a cualquier otro invitado.
—Paula... —empieza a decir mi amiga, y entonces sale un hombre detrás de ella. Y no es Sam.
Me quedo boquiabierta.
—¿Dan? —No me lo creo—. ¿Qué coño estás haciendo?
Se encoge de hombros y evita mirarme, está muy ocupado abrochándose los pantalones. Miro a
uno y a otra esperando cualquier cosa, pero ninguno hace o dice nada. Se limitan a quedarse ahí de
pie, mirando a todas partes menos a mí.
Observo a mi hermano con cara de querer matarlo.
—¡Te dije que la dejaras en paz! —le grito antes de focalizar mi ira en Kate—. ¡Y tú estás
como una cuba! ¿Cuál es vuestro problema? ¿Es que no habéis aprendido la lección?
—No es asunto tuyo, Paula —me corta Dan. Sale del baño y me deja a solas con mi amiga
reincidente.
—¿Kate? —insisto, pero ella evita mirarme. Sabe que acaba de cometer un gran error—. ¿Y
qué hay de Sam? —pregunto.
El pobre está ahí fuera, ajeno a todo esto.
—No me lo puedo creer. —Me llevo el dorso de la mano a la frente. Me duele la cabeza, es
demasiada información.
Ella hipa y se ríe nerviosa antes de agarrarse al lavabo para no caerse de culo.
—Un poco de diversión —contesta—. Y no es asunto tuyo.
—Ah, muy bien —exclamo sujetándome el bajo del vestido—. En ese caso, me voy para que os
sigáis divirtiendo.
Doy media vuelta y salgo de los servicios, directa hacia el despacho de Pedro.
Ya no hay mesas en el salón de verano, pero sigue estando lleno de gente y el grupo de música
tiene a todo el mundo bailando al ritmo de un clásico de Motown. Voy esquivando invitados,
sonriente, intentando parecer la novia en éxtasis que se supone que soy y poniendo fin a las
conversaciones lo más rápidamente que puedo. Me he enfadado con mi hermano y ahora también
estoy enfadada con Kate. Quiero huir con Pedro y ser felices, felices como sólo somos cuando el
mundo y sus problemas se quedan fuera de nuestra pequeña burbuja de felicidad en la que sólo
existen nuestros problemas.
Recorro el pasillo hasta su despacho y el alma se me cae a los Louboutin en cuanto veo quién
hay dentro.
Sólo dos personas.
Pedro... y Coral.
GRACIAS POR LEER! ♥
Decime que vas a subir el siguiente xq agarro el original!!!! Tengo otro ataque de ansiedad x favor, el siguiente necesito!!!!!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarnooo,no lo podes dejar ahí!!!
ResponderEliminarbuenísima la nove!!!
Chan chan chan... no lo podes dejar ahi mal porque la mina se aparece en el casamiento de ellos para matarla jajaj besos espero el siguiente
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