Paso mucho tiempo entrando y saliendo de un vestido tras otro, bajo
la mirada de admiración de Zoe. Cuento veinte vestidos, todos son
impresionantes y todos cumplen con los criterios de Pedro.
La dependienta desaparece durante un rato y me deja para que medite
acerca de qué puñetero vestido voy a escoger. Son todos demasiado
bonitos. Doy un salto al verla acercarse con otro perchero repleto de
vestidos, aunque éstos son de día, no de noche. La miro, muy confusa.
Se encoge de hombros.
—Tengo órdenes estrictas de hacerte probar muchos vestidos, así que
te he traído éstos —dice de vuelta al probador. Aparece de nuevo con el
vestido largo de encaje negro—.Y también éstos.
—¿Qué? —Intento recobrar la compostura. Estoy en ropa interior y
con la boca abierta de par en par como un pez dorado.
—Bueno. —Se me acerca—. Pedro no ha dicho que te pruebes este
vestido en concreto, pero sí que debías tener lo que quisieras. —Me mira
sonriente—. Y sé que éste lo quieres de verdad.
—Zoe, no puedo —tartamudeo intentando convencer a mi cerebro de
que ese vestido es horrible, espantoso. Feísimo. No funciona.
—Si lo que te preocupa es el precio, no sufras: está dentro del
presupuesto. —Cuelga el vestido de una percha en la pared.
—¿Hay un presupuesto? ¿De cuánto? —pregunto, titubeante.
Se vuelve y sonríe.
—El presupuesto es que no hay presupuesto.
Refunfuño y me dejo caer en la silla.
—¿Puedo preguntar cuánto cuesta?
—No —me responde, muy contenta—. Ponte esto.
Me pasa un corpiño de encaje negro. Empiezo a colocármelo y Zoe
me ayuda a abrocharme los corchetes de la espalda. Mi reticencia queda en
segundo plano cuando pienso en la cara que pondrá Pedro cuando me vea.
Se correrá en el acto.
Zoe me ayuda a meterme en el vestido y me miro al espejo.
—¡Joder! —exclama, y de inmediato se tapa la boca con la mano—.
Lo siento. Eso ha sido muy poco profesional.
«Joder», digo yo también. Me vuelvo para ver la espalda y trago
saliva. Se ajusta a todas mis curvas a la perfección y roza el suelo cuando
me pongo de puntillas. El forro es mate y le da al delicado e intrincado
encaje un efecto brillante. El escote profundo es perfecto con las mangas
cortas que apenas pasan de mis hombros, y deja al descubierto mi
clavícula. Zoe sale un momento y vuelve en seguida.
Se arrodilla delante de mí.
—Póntelos —me indica.
Aparto la mirada del espejo y veo un par de zapatos negros de tacón
de Dior con el talón descubierto. Creo que voy a desmayarme. Me los
pongo y Zoe da un par de pasos atrás.
—Paula, tienes que quedarte este vestido. —Lo dice muy seria—. Corre
a que te vea Pedro.
—¡No! —digo con muy poca educación—. Sé que le va a encantar.
Es negro, es de encaje, se va a derretir a mis pies. Lo sé. Pero ¿le
parecerá bien que lleve la espalda al aire? ¿O eso hará que mi neurótico
controlador me tire al suelo para taparme con su cuerpo y que nadie vea mi
piel? Y, por último, ¿cuánto cuesta?
Libro una batalla con mi conciencia por el puñetero vestido mientras
Zoe me pasa un bolso a juego con los zapatos. Quiero llorar. Sabía que no
debía probármelo.
—¿Lo ha visto Pedro? —pregunto volviéndome hacia Zoe, que me
mira sin comprender—. El vestido, ¿lo ha visto Pedro cuando has vuelto
con él?—
No. Creo que ha ido al servicio —contesta.
Me llevo la mano a la boca y empiezo a golpearme los dientes con la
uña como una posesa.
—Vale, me lo quedo, pero no quiero que él se entere. —Sé que me
estoy arriesgando. Zoe da una palmada y sonríe con deleite—. ¿Qué es
todo eso? —digo señalando el otro perchero.
—Quiere que te compres muchos vestidos —contesta encogiéndose de
hombros.
Qué risa. Está llevando la regla del acceso fácil demasiado lejos. Me
quito el vestido y siento otra punzada de incertidumbre cuando Zoe se lo
lleva, se lo da a una joven y le indica que pedro no debe verlo. Me pongo
con el resto. Voy a comprar tres como máximo, y más le vale no discutir
conmigo.
Gasto un millón de calorías poniéndome y quitándome un sinfín de
vestidos. Hacemos tres montones: cosas que quiero, cosas que no quiero y
cosas que tengo que pensar. Estoy pasándomelo bien, lo que me pilla por
sorpresa. Pedro vuelve a sentarse en el sofá y me ve aparecer y desaparecer
cada vez con un vestido distinto.
—Todo le sienta bien, ¿verdad? —le dice Zoe a Pedro cuando aparezco
con un vestido gris, muy corto, de Chloé. Me encanta pero, al igual que
todos los que valen más de trescientas libras, va directo al montón de cosas
que no quiero.
Pone cara de horror.
—¡Quítatelo! —escupe, y vuelvo muerta de la risa al probador.
Tiene razón. A mí me encanta pero es muy corto. Parece ropa interior.
Estoy molida cuando termino de probármelos todos. Me he cambiado
más veces en dos horas que en todo el mes. Reviso el montón de cosas que
quiero con Zoe y me pongo un poco nerviosa al ver la de vestidos que hay.
Tengo que intentar reducir el número.
—¿Qué nos llevamos? —oigo que dice pedro, acercándose.
—Ha escogido unos vestidos fabulosos. Me da mucha envidia —
comenta Zoe—. Voy a envolverlos.
«¡No!»
Todavía lo paso peor cuando Pedro le da a Zoe una tarjeta de crédito.
La coge y nos deja solos.
—Pedro, de verdad que no me siento cómoda con esto. —Le cojo las
manos y me pongo delante de él para que me preste toda su atención.
Deja caer los hombros, decepcionado.
—¿Por qué? —Parece muy dolido.
Zoe desaparece con todos los vestidos del montón de cosas que me
gustan.—
Por favor, no quiero que te gastes todo ese dinero en mí.
—Tampoco es tanto —intenta convencerme, pero he visto las
etiquetas. Es demasiado, y ni siquiera sé cuánto cuesta el vestido de noche.
Miro al suelo. No quiero que discutamos por esto en Harrods. Lo miro
otra vez.
—Cómprame solamente un vestido para esta noche. Puedo vivir con
eso.
—¿Sólo un vestido? —pregunta, muy disgustado—. Otros cinco
vestidos y trato hecho.
Es una agradable sorpresa.
—Dos —regateo.
—Cinco. —Es inflexible—. Eso no era parte del trato.
No, pero ya me da igual la edad que tenga, y ya hemos pasado por lo
de intentar que no sea ni para ti, ni para mí.Pedro no cede nunca.
Lo miro enfurruñada.
—Me da igual la edad que tengas. Guárdate tu secretito.
—Vale, pero siguen siendo cinco vestidos.
Sospecho que no iba a cumplir su parte del trato de todas formas.
—Tengo que hacer una llamada —dice, y me da un pico—. Ve a
escoger cinco vestidos. Zoe tiene mi tarjeta. La clave es uno, nueve, siete,
cuatro.
Doy un paso atrás.
—No puedo creer que acabes de decirme la clave de tu tarjeta.
—No más secretos, ¿recuerdas?
¿No más secretos? ¿Me toma el pelo? Se va y tengo una repentina y
maravillosa epifanía. Hago un rápido cálculo mental.
—¡Sí que tienes treinta y siete años! —le grito mientras se va.
Se detiene.
—Es tu número secreto. Naciste en el setenta y cuatro. —No puedo
evitar mi tono triunfal. Lo he descubierto. Los hombres son tan predecibles
—. ¡Me dijiste la verdad!
Se vuelve de nuevo muy despacio y me dirige su sonrisa
característica, la que se reserva sólo para mí, y me lanza un beso. Ahora, a
escoger mis cinco vestidos.
Salgo de la zona de compras personalizadas y veo que Pedro ya me
está esperando. No he tardado nada en escoger mis cinco vestidos
favoritos.
Le devuelvo la tarjeta de crédito y le doy un beso en la mejilla.
—Gracias. —No estoy segura de si estoy más agradecida por los
vestidos o por el pequeño desliz que me ha confirmado que de verdad tiene
treinta y siete años. Lo mismo da: soy una chica feliz.
—De nada —dice cogiéndome las bolsas—. ¿Me harás otro pase? —
Arquea las cejas.
—Por supuesto. —No puedo decirle que no, ha sido muy razonable—.
Aunque no puedes ver el vestido de noche.
—¿Cuál has elegido? —pregunta con curiosidad. A él le gustaban
todos, pero no ha visto el vestido que está lejos de su vista en una bolsa
para trajes.
—Ya lo verás. —Inhalo su fragancia cuando hunde la cara en mi
cuello—. Así que mi hombre está rozando los cuarenta —lo pincho.
Se aparta y pone los ojos en blanco antes de cogerme de la mano para
sacarme de la tienda.
—¿Te molesta mucho? —pregunta con indiferencia, pero sé que le
preocupa.
Ni me molestaba antes, ni me molesta ahora.
—En absoluto, pero ¿por qué te molesta a ti?
—Paula, ¿te acuerdas de una de las primeras cosas que me dijiste?
¿Cómo olvidarlo? Todavía no sé de dónde salió.
—¿Por qué me mentiste?
Se encoge de hombros.
—Porque no me lo habrías preguntado si no fuera un problema.
Sonrío.
—Tu edad no me molesta para nada —digo mientras bajamos por las
escaleras mecánicas egipcias. Él se queda un escalón más abajo que yo, por
lo que estamos más o menos a la misma altura—. ¿Eso que tienes ahí es
una cana? —pregunto, muy seria.
—¿Te crees muy graciosa? —repone, volviéndose. No le ha gustado
mi broma. No debería burlarme, está claro que tiene un problema con el
tema de la edad.
No puedo mantenerme seria cuando me coge y se me echa al hombro,
pero logro contener un grito. ¡No puede actuar así en Harrods! Rectifico: a
Pedro le importa un bledo lo que opinen de él o de su comportamiento. Me
cogerá, me hará suya o se cabreará conmigo cuando le dé la gana. Lo
demás le importa un pimiento, y la verdad es que a mí también.
Salimos a Knightsbridge, me deja en el suelo, me arreglo el vestido y
acepto la mano que me ofrece. Caminamos hacia el coche. Ni siquiera me
molesto en regañarlo. Ya es habitual que me coja en brazos o se me eche
sobre el hombro cuando le viene en gana, ya sea en público o en privado.
—Podemos comer en La Mansión —dice guardando las bolsas en el
maletero. Se sienta a mi lado en el coche y me regala la sonrisa que reserva
para mí antes de ponerse las gafas de sol—. ¿Lo estás pasando bien?
Lo estaba, hasta que me ha recordado que tenemos que ir a La
Mansión. También tengo que soportar una noche entera allí.
—De maravilla. —No puedo quejarme, no mientras esté con él.
—Yo también. Ponte el cinturón —dice, y arranca el coche y se lanza
rugiendo al tráfico del mediodía.
Luego pone la música a todo volumen y baja la ventanilla para que
todo Knightsbridge escuche Dakota de Stereophonics.
PERDÓN POR NO SUBIR AYER PERO DIGAMOS QUE NO ESTABA DE MUY BUEN HUMOR...
GRACIAS POR LEER Y COMENTAR! ♥
muy buenos cap, yo pense que no subias ayer entre todo el dia y nada no pasa nada besos espero los siguiente
ResponderEliminarbuenísimos los capítulos,me encantaron!!!
ResponderEliminarEspectaculares los caps de hoy!!!!
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