El aire frío choca contra mi piel y endurece aún más mis pezones.
Pedro da un paso atrás y se quita los zapatos, los calcetines, los pantalones
y la camisa abierta sin dejar de recorrer mi cuerpo con la mirada.
—Encaje —dice con gesto de aprobación, y luego se baja los bóxeres.
Su polla salta libre y lista, otra vez. Quiero arrodillarme y volver a
saborear sus delicias en mi boca, pero las apremiantes punzadas de mi
entrepierna reclaman mi atención. Me desabrocho el sujetador y lo dejo
caer al suelo de madera, y en un segundo tengo su cuerpo sobre el mío y su
aliento en la cara.
Desliza un dedo bajo el elástico de mi ropa interior y me roza el
clítoris. Echo la cabeza sobre su pecho y le clavo las uñas en los brazos
para no caerme por las descargas eléctricas que provocan sus caricias.
—Estás mojada —dice con la voz muy grave y ronca, despacio,
mientras su dedo dibuja círculos y aplica presión cuando llega a la punta de
mi clítoris—. ¿Sólo conmigo?
Quiere que responda a la pregunta.
—Sólo contigo —jadeo.
El gruñido de satisfacción que escapa de su boca vibra en la brisa
nocturna. Siempre seré suya.
Levanto la cabeza y su boca cubre la mía y le exige que se abra
mientras me baja las bragas. Dejo escapar un pequeño gemido. Su sabor es
adictivo y correspondo a cada lametón, a cada caricia, hasta que se aparta.
Se arrodilla delante de mí, apoyo las manos sobre sus hombros y me baja
las bragas por las piernas. Me da un toque en el tobillo para que levante el
pie y repite la misma operación en el otro. Me coge de las caderas y yo
respondo a su caricia con mi respingo habitual. Entierra la nariz en mi
vello púbico y bendice mi sexo con una caricia larga, lenta, ardiente e
insoportable.
Gimo, y mis rodillas ceden y aparece en la punta de mi sexo una
presión que es casi dolorosa.
Se abraza a mis caderas con fuerza y sigue acariciando sin piedad el
centro de mi cuerpo hasta que llega a mi cuello y luego a mi boca, que
toma con pasión entre gemidos.
Se despega de mis labios, me clava la mirada y sus ojos verdes calan
en mí. —Eres mi vida. —Sus palabras me llegan al corazón y su boca toma
la mía con veneración y delicadeza. Me acaricia el trasero con las palmas
de las manos y desciende por mis caderas. Tira de mi pierna por debajo de
la rodilla para que rodee con ella su cintura. Se aparta. Me deja respirar—.
¿Me quieres? —pregunta, mientras su mirada busca la mía.
Qué tontería.
—Sabes que sí —susurro.
—Dilo. Necesito oírtelo decir. —Hay una puntilla de desesperación en
su voz.
No lo pienso dos veces.
—Te quiero —digo, y le beso los labios carnosos y húmedos y le
rodeo el cuello con los brazos. Luego doy un pequeño salto y me agarro
con las piernas a su cintura—. Siempre te querré.
Lo miro fijamente a sus preciosos ojos verdes mientras él se coloca en
la entrada a mi cuerpo. Permanece un segundo ahí, luchando por no
sumergirse de pleno en mí.
—¿Me necesitas? —pregunta.
—Te necesito. —Sé que eso lo satisface casi tanto, o más, que un «te
quiero».
—Siempre —confirma, y luego se introduce lentamente en mí con un
movimiento paciente, y nuestra unión nos corta la respiración a ambos.
Me abraza mientras recuperamos el aliento, se acerca a una tumbona y
me recuesta en ella, sin separarse de mí para que permanezcamos unidos.
Nunca lo había visto mirarme con tanta sinceridad en los ojos.
—¿Has visto lo perfectamente bien que encajamos? —Se retira
despacio y vuelve a entrar, suave y firme, marcando la pauta, de lo que está
por llegar. Quiere hacerme el amor de verdad—. ¿Lo notas? —me pregunta
con cariño, repitiendo el ardiente movimiento y exacerbando la necesidad
que tengo de él.
—Sí —confirmo en voz baja. Lo noto desde la primera vez que
conectamos, incluso desde la primera vez que nuestras miradas se
cruzaron.
Continúa con sus estocadas lentas y contenidas, y yo llevo mis manos
a su espalda, dibujando figuras asimétricas sobre su piel firme. Me besa en
los labios.
—Yo también. Vamos a hacer el amor.
Me concentro en absorberlo y él sigue entrando y saliendo, moviendo
las caderas en círculos y acercándome al clímax. Me mira con devoción,
con adoración. Nuestras miradas se funden, ardientes. Su paciencia y su
fuerza de voluntad para mantener este ritmo tan sensual hacen que lo
quiera aún más. Sabe hacer el amor como nadie.
La arruga de la frente le resplandece de sudor a pesar del aire frío de
la noche. Le cojo la cara con las manos para que no baje la mirada y su
cuerpo vibra y tiembla sobre mí. Palpita en mi interior e, instintivamente,
mis músculos se contraen alrededor de él. Se le acelera la respiración.
—Por Dios, Paula —gime hundiéndose y clavándose entero en mí. Las
caricias precisas con las que colma mi pared anterior hacen que me muera
de ganas de levantar las caderas y capturar el orgasmo que se aproxima.
—No puedo aguantar más —gimo.
—Juntos —dice tragando saliva, y tenso los muslos cuando me
penetra de nuevo, esta vez menos controlado. Respira aceleradamente y
apoya la frente en la mía mientras recupera el control con otra deliciosa
embestida.
—Ya estoy, Pedro —gimoteo al sentir que mi autocontrol desaparece.
Con un grito estallo en mil pedazos debajo de él.
Acelera el ritmo para que saltemos juntos al abismo.
—¡Dios! —grita con una última penetración, apretándose con fuerza
contra mi sexo antes de desplomarse sobre mí y unirse a mi estado de
semiinconsciencia. Su erección salta y palpita cuando se corre dentro de
mí.
—Jodeeeeeeer —mascullo en voz baja con los ojos cerrados,
satisfecha y relajada. Este hombre tiene acceso directo al botón de mis
orgasmos.
—Esa boca —susurra junto a mi cuello, agotado—. ¿Crees que podrás
parar de decir tacos algún día?
—Sólo suelto tacos cuando te comportas de un modo imposible o
cuando me colmas de placer —me defiendo, y dibujo la palabra «joder» en
su espalda con la punta del dedo.
Se recuesta sobre un codo para poder mirarme a los ojos. Luego
dibuja con su dedo «esa boca» en mis tetas antes de besarme los pezones.
Sonrío cuando me mira, juguetón. Los ojos le brillan cuando me muerde el
pezón erecto.
—¡Ay! —Me echo a reír.
Lo suelta y traza círculos húmedos con la lengua por mi pecho y luego
me coge de la cadera. Doy un respingo cuando vuelve a morderme el
pezón. Mi cuerpo se pone rígido en un abrir y cerrar de ojos cuando
comprendo a qué juega.
—¡Ni se te ocurra! —grito cuando empieza a masajear mi cadera con
la punta de los dedos sin que sus dientes suelten mi pezón.
Cierro los ojos y pataleo intentando frenar el impulso reflejo de
arquearme y tirarlo al suelo.
—¡Pedro, para, por favor! —Se ríe a carcajadas y aumenta la presión
en mi cadera y en mi pezón—. ¡Por favor! —chillo entre risitas nerviosas.
El pezón me dolería si no me estuviera distrayendo con las cosquillas de la
cadera. ¡Me está volviendo loca!
Mis pulmones me dan las gracias a gritos cuando suelto el aire
acumulado y hago acopio de fuerzas para ignorar su tortura. Me pongo
rígida debajo de él y, pasada una eternidad, deja en paz la cresta de mi
pelvis y empieza a chuparme el pezón para devolverlo a la vida.
—Te espera un polvo de represalia —le digo.
Vuelve a hundir los dedos encima del hueso de la cadera.
—¡Paula! —me regaña un instante, y vuelve a centrarse en mis tetas.
Exhalo aliviada y cierro los ojos mientras Pedro se prodiga con la lengua.
»Estás temblando —masculla contra mi pecho—. Te llevaré adentro.
Se levanta y gruño a modo de protesta. Le doy un tirón para que
vuelva a mí. Se echa a reír y me muerde la oreja.
—¿A gusto?
—Mmm. —No puedo hablar.
—A la cama —dice, y me levanta para que pueda cogerme a él.
—Tienes que comer —replico; que yo sepa, hoy sólo ha comido
medio tarro de mantequilla de cacahuete y medio sándwich. No creo que
haya tomado nada más. Necesita comer.
Se pone de pie y me lleva al interior.
—No tengo hambre. ¿Y tú?
La verdad es que yo tampoco.
—No, pero prométeme que desayunarás en condiciones.
—Te lo prometo.
—Vale, llévame a la cama, mi dios —digo, y sonrío contra su hombro
cuando noto que se ríe por lo bajito.
Me deja en la cama y, en cuanto se ha acostado a mi lado, me
acurruco contra su pecho. Me besa el cabello antes de ponerme una mano
en el culo. Me arrimo más a él; no consigo estar lo bastante cerca. Como
siempre, no puede haber distancia entre nosotros.
GRACIAS POR LEER!♥
Wowwwwwwww, qué buenos los caps de hoy!!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarmuy buenos cuando viene la parte que se dicen amor y todas las cursilerias ? besos espero el siguiente
ResponderEliminarBellísimos capítulos ¡ él es mi dios tb jajajajajajja
ResponderEliminarWow buenisimos,me encantaron!!!
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