martes, 1 de abril de 2014

Capitulo 126 ♥

—¿Qué le digo a Patrick? —Me vuelvo para mirarlo. Joder..., es tan
guapo.—
¿Sobre qué? ¿Sobre nosotros? —Me mira un instante. La arruga de
la frente ya está en su sitio. Se encoge de hombros—. Dile que ya nos
hemos puesto de acuerdo sobre tus honorarios y que te quiero en La
Mansión el viernes para terminar los diseños.
—Haces que parezca muy fácil —suspiro echándome hacia atrás en
mi asiento mientras miro el parque al otro lado de la ventanilla.
Pone su mano sobre mi muslo y me da un apretón.
—Nena, haces que parezca muy complicado.
Pedro derrapa a la salida del Royal Park y hace un gesto a un
aparcacoches que lo mira con cara de felicidad cuando se acerca a recoger
el vehículo.
—Te veo en casa.
Me envuelve la nuca con la palma de la mano, me acerca hacia sí y se
toma su tiempo para despedirse. Lo dejo hacer. Me lo tiraría aquí mismo.
El aparcacoches no se va, sino que mira con ojos golosos el DBS.
—Más o menos a las seis —le confirmo mientras él me besa la
comisura de los labios.
Sonríe.
—Más o menos.
Sé que no es el mejor momento para sacar el tema, pero me va a estar
carcomiendo el resto del día. No lo habrá dicho en serio, ¿verdad?
—No puedo retirarme a los veintiséis.
Se reclina en su asiento. Los estúpidos engranajes se ponen en
marcha. Me preocupo: lo decía en serio.
—Ya te lo he dicho, no me gusta compartirte con nadie.
—Eso es ridículo —exploto. Reacción equivocada, a juzgar por la
mirada furibunda que cruza por su cara.
—No me llames ridículo, Paula.
—No te estaba diciendo ridículo a ti, se lo decía a esa loca idea tuya
porque es ridícula —refuto con calma—. Nunca voy a dejarte. —Le
acaricio la nuca. ¿De verdad necesita que se lo vuelva a repetir?
Su labio inferior desaparece entre los dientes y se queda mirando el
volante del DBS.
—Eso no va a detener a quienes intenten apartarte de mi lado. No
puedo permitir que eso suceda. —Me lanza una mirada torturada que me
abre un agujero enorme en el estómago.
—¿Y ésos quiénes son? —pregunto con un claro tono de alarma.
Niega con la cabeza.
—Nadie en particular.Paula, no te merezco. Eres una especie de
milagro. Eres mía y te protegeré como sea, haré lo necesario para eliminar
toda amenaza. —Agarra el volante con las manos, que se le ponen blancas
de apretarlo con tanta fuerza—. Vale, necesito dejar de hablar de esto
porque me pongo violento.
Miro a mi hermoso hombre controlador, mi neurótico, y desearía
poder darle las garantías que necesita. Mis palabras no bastarán nunca.
Ahora me doy cuenta. También me doy cuenta de que lo que en verdad
quiere decir es que eliminará a cualquier hombre que suponga una amenaza
para él, no para mí.
Me quito el cinturón de seguridad y me siento en su regazo, como si el
aparcacoches no estuviera. Total, sigue babeando con el DBS. Acerco su
cara a la mía, la cojo por las mejillas y lo beso. Gime, me agarra del
trasero y me acerca a sus caderas. Quiero que me lleve al Lusso ahora
mismo, pero no puedo darle plantón a Mikael.
Nuestras lenguas se entrelazan, se acarician, se apartan y se unen de
nuevo una y otra vez. Necesito tanto a este hombre que me duele, es un
dolor constante y horrible, y ahora sé que él siente lo mismo por mí.
Me aparto. Tiene los ojos cerrados. Lo he visto antes así y, la última
vez que lo vi así, fue porque tenía algo que contarme.
—¿Qué pasa? —pregunto, nerviosa.
Abre los ojos como si se acabara de dar cuenta de que su cara lo
delataba.
—Nada. —Me aparta un mechón de la cara—. Todo va bien.
Me tenso en su regazo. Eso también me lo ha dicho antes, y la verdad
es que nada iba bien.
—Hay algo que quieres contarme —lo digo como si fuera un hecho.
—Es verdad. —Deja caer la cabeza y se me revuelve el estómago,
pero entonces la levanta y me mira—. Te quiero con locura, nena.
Retrocedo un poco.
—Eso no es lo que quieres decirme. —Mi tono es de sospecha.
Me dedica su sonrisa sólo para mujeres y me derrito en su regazo.
—Lo es, y seguiré diciéndotelo hasta que te canses de oírlo. Para mí
es una novedad. —Se encoge de hombros—. Me gusta decírtelo.
—No me cansaré de oírlo, y no se lo digas a nadie más. Me da igual lo
mucho que te guste.
Sonríe. Es una sonrisa de niño travieso.
—¿Te pondrías celosa?
Resoplo.
—Señor Alfonso, no hablemos de celos cuando acaba de jurar que va a
eliminar toda amenaza —digo, cortante.
—Está bien. —Me aprieta contra sí y levanta la pelvis. Mi sexo se
despierta con un latido perverso—. Mejor vamos a pedir una habitación —
susurra moviendo una vez más sus exquisitas caderas.
Me bajo de su regazo, ansiosa por escapar de sus caricias, que me
atontan, antes de que me dé por arrancarle el traje.
—Voy a llegar tarde a mi reunión. —Cojo el bolso y le doy un beso
breve—. Cuando llegue a casa, confío en que estés esperándome en la
cama.Me regala una sonrisa satisfecha.
—¿Me está dando usted órdenes, señorita Chaves?
—¿Va a decirme que no, señor Alfonso?
—Nunca, pero recuerda quién manda aquí.
Intenta cogerme pero le doy un manotazo y salto del coche antes de
que me haga perder la razón. Meto la cabeza.
—Tú, pero te necesito. Por favor, ¿podrías esperarme desnudo para
cuando llegue?
—¿Me necesitas? —pregunta con una mirada triunfal.
—Siempre. Nos vemos en tu casa.
Cierro la puerta y lo oigo gritar «nuestra» mientras me alejo.
De pronto soy consciente de que alguien me está taladrando con la
mirada. Me vuelvo y veo que el aparcacoches sonríe de oreja a oreja. Me
sonrojo a más no poder y subo los escalones de la entrada del hotel. Estoy
contenta y a gusto en el séptimo cielo de Pedro.
Oigo que me ha llegado un mensaje y busco el móvil en el bolso.
Es de pedro.

"Te extraño, te quiero, yo también te necesito. Bss, P."

Me echo a reír. ¿Cómo lo ha escrito tan de prisa? Si no hace ni tres
segundos que se ha ido. Meto el móvil en el bolso y recorro el vestíbulo del
Royal Park.
Me conducen al mismo reservado en el que Mikael y yo nos reunimos
la última vez y él ya está esperándome. Tiene los tableros de inspiración
esparcidos por la mesa y los está estudiando. Hoy parece más informal. Se
ha quitado la chaqueta, se ha aflojado la corbata y lleva el pelo rubio
perfecto.
Levanta la vista al oír que alguien se acerca.
—Paula, me alegro de volver a verte. —Su voz y su acento son tan
suaves como siempre.
—Igualmente, Mikael. ¿Has recibido los bocetos? —Señalo con la
cabeza los tableros y dejo el bolso en uno de los sillones de cuero verde.
—Sí, pero el problema es que me encantan todos. Eres demasiado
buena. —Me ofrece la mano y se la acepto.
—Me alegro. —Le dirijo una amplia sonrisa y él me estrecha la mano
con suavidad.
Me suelta y se vuelve hacia la mesa.
—Aunque me decanto por esto. —Señala el de tonos blancos y crema,
mi favorito.
—Yo también escogería ése —digo, contenta—. Creo que es el que
mejor resume tus aspiraciones.
—Es verdad —me sonríe con dulzura—. Toma asiento, Paula. ¿Te
apetece beber algo?
Me siento en un sillón.
—Agua, gracias.
Le hace una seña al camarero que está en la puerta antes de sentarse
en el sillón que hay a mi lado.
—Perdona que haya retrasado tanto nuestra reunión. Las cosas en casa
se complicaron un poco más de lo que esperaba.
Ah. Debe de estar hablando de su divorcio. No puedo imaginarme que
las cosas vayan como la seda cuando uno es tan rico como Mikael. Su
esposa querrá sacarle hasta el último céntimo. ¿Qué otra cosa podría ser?
Pero me callo. Sospecho que Ingrid se fue de la lengua. No quiero que la
despida. Me cae bien.
—No pasa nada. —Sonrío y me centro en los tableros—. Entonces
¿nos quedamos con éste? —Pongo la mano sobre la gama de blancos y
cremas.
Se inclina hacia adelante.
—Sí, me gusta la calidez y la simplicidad. Eres muy lista. Uno podría
pensar que es insípido y frío, pero no es así en absoluto.
—Gracias. Todo depende de las telas y de los tonos.
Sonríe. Tiene los ojos azules muy brillantes.
—Sí, supongo que así es.
Pasamos varias horas hablando de fechas, plazos y presupuestos. Es
muy fácil tratar con él, cosa que supone un gran alivio, y más después de
que en nuestra última reunión me invitara a cenar. Me preocupaba que las
cosas fueran raras entre nosotros, pero no. Se ha tomado bien mi negativa y
no ha vuelto a mencionar el asunto.
—Y todos los materiales serán sostenibles, ¿sí? —Pasa su largo índice
por los dibujos de una cama con dosel de la que habíamos hablado y de la
que yo he hecho los bocetos.
—Por supuesto. —Mentalmente le doy las gracias a Ingrid por el dato
que Mikael olvidó darme y que resultaba ser tan importante. Le muestro
las otras piezas de mobiliario que he dibujado—. Todo es sostenible, como
especificaste. Entiendo que en Escandinavia se toman muy en serio la
deforestación.
—Cierto —se ríe—. Todos tenemos que aportar nuestro granito de
arena por el medio ambiente. Tuvimos mala prensa por el Lusso.
Imágenes de doce supermotos y un DBS que chupa gasolina como una
esponja inundan mi mente. Apuesto a que Mikael conduce un Prius
híbrido.
—Lo sé.
Me mira a los ojos y yo sonrío tímidamente.
—Disculpa, tengo que ir al servicio —digo, cojo mi bolso y me
levanto.
Paso cinco minutos en el baño retocándome el maquillaje y usando los
servicios. Me gusta cómo se está desarrollando la reunión y tengo ganas de
volver a la oficina y empezar con el diseño final. Me atuso el pelo, me
pellizco las mejillas y salgo del lavabo de señoras. Cruzo el vestíbulo del
hotel y vuelvo al reservado.
Al entrar, casi me atraganto cuando veo a Pedro de pie junto a Mikael,
tan campante, mirando mis diseños.
Pero ¿qué coño hace aquí?

GRACIAS POR LEER!♥

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