domingo, 18 de mayo de 2014

Capitulo 249 ♥

—¿Pedro? —susurro. Le suelto la mano y lo agarro de los hombros para sacudirlo un poco,
aunque sé que no debería hacerlo. Gruñe de nuevo y mueve las piernas bajo la fina sábana de algodón.
Se está despertando—. ¿Pedro? —Debería llamar a la enfermera, pero no lo hago. Debería apagar esa
máquina, pero no lo hago. Debería hablarle en voz baja, pero no lo hago—. ¡Pedro! —Lo zarandeo un
poco más.
—No grites —se queja con una voz rota y áspera. Sus ojos cerrados de manera relajada empiezan
a cerrarse con fuerza.
Estiro el brazo y pulso el botón de la máquina para silenciarla.
—¿Pedro?
—¿Qué? —gruñe, irritado, y levanta la mano para llevársela a la cabeza. Todo el miedo y todo el
pesar abandonan mi cuerpo y una luz me inunda. Una luz brillante. Una luz de esperanza.
—Abre los ojos —le ordeno.
—No, me duelen.
—¡Joder! —Siento un alivio increíble, casi doloroso, que recorre mi cuerpo como un rayo,
devolviéndome a la vida—. Inténtalo —le ruego. Necesito verle los ojos.
Gruñe un poco más y veo cómo se esfuerza por obedecer mi orden irracional. No transijo ni le
digo que pare. Necesito vérselos.
Y ahí están.
No tan verdes ni tan adictivos, pero al menos tienen vida y se entornan para adaptarse a la débil
luz de la habitación.
—Joder.
Jamás había estado tan encantada de oír esa palabra. Es de Pedro y es familiar. Me abalanzo sobre
él y empiezo a besarle la cara barbada. Sólo me detengo cuando sisea de dolor.
—Lo siento —me apresuro a decir, y me aparto apoyándome en él y causándole más dolor.
—Joder, Paula. —Arruga la cara y cierra los ojos de nuevo.
—¡Abre los ojos!
Lo hace, y me siento inmensamente entusiasmada al ver que me mira mal.
—¡Pues deja de infligirme dolor, mujer!
Creo que jamás me había sentido tan feliz. Tiene un aspecto horrible, pero lo aceptaré sea como
sea. Me da igual. Puede dejarse la barba si quiere. Puede gritarme todo lo que quiera.
—Creía que te había perdido. —Siento un alivio tan tremendo que me echo a llorar de nuevo.
Hundo la cara en mis manos para esconder mi rostro arruinado.
—Nena, por favor, no llores cuando no puedo hacer nada para remediarlo. —Oigo que intenta
mover el cuerpo y al instante comienza a encadenar un montón de maldiciones—. ¡Joder!
—¡Deja de moverte! —lo reprendo, y me seco la cara antes de empujarlo suavemente por los
hombros.
No me discute. Se relaja de nuevo sobre la almohada con un suspiro cansado. Después levanta el
brazo, se fija en la vía que tiene puesta y empieza a mirar a su alrededor, confundido de ver toda la
maquinaria que lo rodea. De repente cae en la cuenta y levanta la cabeza con los ojos alarmados y
asustados.
—¿Te hizo daño? —balbucea esforzándose por incorporarse, siseando y haciendo una mueca de
dolor al intentarlo—. ¡Los niños!
—Estamos bien —le garantizo, y lo obligo a tumbarse sobre la cama. Me cuesta conseguirlo. La
repentina comprensión le ha dado fuerzas—. Pedro, los tres estamos bien. Túmbate.
—¿Estás bien? —Levanta la mano y palpa el aire hasta que alcanza mi rostro—. Por favor, dime
que estás bien.
—Estoy bien.
—¿Y los bebés?
—Me han hecho dos ecografías. —Apoyo la mano sobre la suya y lo ayudo a tocarme. Eso lo
relaja por completo, y mis palabras también ayudan. Cierra los ojos y siento el impulso de ordenarle
que los abra de nuevo, pero dejo que descanse—. Debería avisar a la enfermera.
—No, por favor. Deja que me despierte un poco antes de que empiecen a hurgarme por todas
partes. —Desliza la mano desde mi mejilla hasta mi nuca y aprieta ligeramente, indicándome en
silencio que me acerque un poco más.
—No quiero hacerte daño —protesto, resistiéndome, pero su rostro se vuelve severo y su presión
aumenta—. Pedro.
—Contacto. ¡Haz lo que te mando! —dice medio somnoliento. Incluso ahora, a pesar del
tremendo dolor, es imposible.
—¿Te duele mucho? —pregunto mientras me inclino suavemente a su lado.
—Mucho.
—Tengo que llamar a la enfermera.
—Espera un poco. Estoy a gusto.
—¡No es verdad! —Casi me echo a reír, y me apoyo con cuidado sobre él evitando la zona de la
herida. No me encuentro nada cómoda, pero él está contento, por lo que me quedo así. Le concederé
cinco minutos y después llamaré a la enfermera y, por una vez, literalmente, no podrá hacer nada para
impedírmelo.
—Me alegro de que sigas aquí —murmura, y gasta más valiosas energías para volver el rostro
hacia el mío y besarme—. Me habría rendido de no haber oído tu voz insolente constantemente.
—¿Me oías?
—Sí. Era extraño y tremendamente frustrante no poder echarte la bronca. ¿Quieres hacer el favor
de hacer lo que se te dice? —En sus palabras no hay ni un ápice de humor, y me hace sonreír.
—No.
—Eso pensaba —suspira—. Tengo explicaciones que darte.
Esas palabras me ponen tensa.
—No hace falta —espeto, e intento apartarme de él para llamar a la enfermera, pero no voy a ir a
ninguna parte.
—¡Joder! —exclama—. ¡Joder, joder, joder! —Se esfuerza por retenerme, el muy idiota, pero
soy yo la que cede temiendo más por su vida que él—. No te muevas y escúchame —me ordena
ásperamente—. No vas a ir a ninguna parte hasta que te haya hablado de Rosie.
El nombre no debería decirme nada, pero lo hace. Es sinónimo de un dolor insoportable y de años
de autotortura. Debería haberme confesado esto hace tiempo. Habría explicado en gran medida su
comportamiento neurótico.
—Lauren era hija de unos buenos amigos de mis padres —empieza, y yo me preparo para lo que
voy a oír, sabiendo que va a contarme toda la historia, no sólo la parte que quiero oír sobre su hija,
sino también la parte sobre la psicópata que casi me lo arrebata—. Te la puedes imaginar: de buena
familia, rica y muy respetada entre la arrogante comunidad que teníamos que tolerar. Nos enrollamos
una vez y se quedó preñada. Teníamos diecisiete años, éramos jóvenes y estúpidos. ¿Te imaginas el
escándalo? Esa vez la había cagado pero bien. —Se mueve, hace una mueca de dolor y maldice un
poco más.
Me lo imagino, y no es necesario que siga explicándose, pero guardo silencio y dejo que siga
narrándome sus años de tormento.
—Nuestros padres se reunieron con urgencia y su padre exigió que me casara con ella antes de
que se corriera la voz y se manchara el buen nombre de nuestras familias. Hacía poco que había
muerto Fede, y accedí a hacerlo con la esperanza de acercarme a mis padres.
Cierro los ojos con fuerza y me aferro a él un poco más, recordando nuestra visita a casa de mis
padres y su reacción cuando mi madre insinuó que se había casado conmigo porque me había dejado
embarazada.
—¿Fue un matrimonio concertado? —pregunto.
—Sí, pero nuestras familias hicieron un gran trabajo convenciendo a la comunidad de que
estábamos perdidamente enamorados.
—Ella lo estaba —susurro, sabiendo hacia adónde se dirige esta historia.
—Pero yo no —confirma—. Al cabo de un mes estaba casado y me mudé a la hacienda de sus
padres. Todo el mundo estaba contento, menos yo. —Juguetea ociosamente con mi cabello y suspira
dolorosamente antes de continuar—. Carmichael me ofreció una vía de escape, y por fin reuní el valor
para acabar con aquella diabólica farsa, pero cuando nació Rosie, estaba decidido a ejercer de padre.
Esa pequeña era la única persona en el mundo que me quería por ser quien era, sin expectativas ni
presiones, simplemente me aceptaba tal cual era en su inocencia. Me daba igual que fuera un bebé.
Todo eso me llena de un inmenso orgullo, pero la historia no tiene un final feliz, y es algo que me
destroza.
—Era realmente la niña de mis ojos —dice con cariño—. Y sabía que nada de lo que yo hiciera
estaría mal para ella. Eso bastó para hacer que me planteara el estilo de vida que había llevado durante
el embarazo de Lauren. Carmichael buscó al mejor abogado para ayudarme a conseguir la custodia
completa porque sabía que ella era mi redentora, pero la familia de Lauren sacó a la luz todos los
trapos sucios: lo de Fede, lo de La Mansión y lo de mi breve estilo de vida desde que dejé a Lauren
hasta que Rosie nació. No tenía ninguna posibilidad.
—¿Y tus padres ya se habían mudado a España para entonces? —pregunto.
Pedro se sacude con un silbido de dolor al reírse brevemente.
—Sí, huyeron de la vergüenza a la que había sometido a la familia.
—Te abandonaron —susurro.
—Querían que me fuera con ellos. Mi madre me lo suplicó, pero yo no quería dejar a Rosie a
tiempo completo con esa familia. La tendrían en mala consideración por ser una hija ilegítima, aunque
me tuviera a mí. No era una opción.
—¿Y qué pasó?
—Rosie tenía tres años y yo había cometido el peor error de mi vida. —Se detiene y sé que se
está mordiendo el labio inferior—. Me acosté con Sarah —dice.
—¿Con Sarah? —Arrugo la frente contra su cuello. ¿Qué pinta Sarah en todo esto?
—Carmichael y Sarah estaban juntos.
—¿En serio? —Me aparto con cuidado, y esta vez me lo permite. Efectivamente, se está
mordiendo el labio, y también contiene la respiración—. ¿Sarah y Carmichael? Creía que él era un
playboy.
—Y lo era, pero tenía novia. —Se encoge de dolor mientras toma aire—. Y una hija.
—¿Qué? —Ahora me incorporo por completo—. Continúa —insisto. Esta historia no está
siguiendo la dirección que esperaba en absoluto.
Respira dolorosamente hondo de nuevo. Debería decirle que parase para descansar, pero no lo
hago.
—Carmichael nos pilló a Sarah y a mí. Se puso furioso, cogió a las niñas y se marchó.
Joder.
—¿A las niñas? —pregunto, aunque no sé por qué. Sé a qué niñas se refiere.
—A Rosie y a Rebecca.
—Tú Rosie y su Rebecca —susurro—. ¿El accidente de coche...?
Asiente suavemente, cierra los ojos y los aprieta con fuerza.
—No sólo maté a mi tío y a mi hija. También maté a la hija de Sarah.
—No. —Sacudo la cabeza—. Tú no tuviste la culpa.
—Mis malas decisiones han sido la causa de todo, Paula. La he cagado tanto y tantas veces... y he
pagado por ello, pero no puedo seguir pagando ahora que te tengo a ti. ¿Y si vuelvo a tomar una mala
decisión? ¿Y si meto la pata otra vez? ¿Y si aún no he terminado de pagar?
Eso explica sus exigencias de que lo obedezca en todo. Vive aterrorizado, pero es mucho peor de
lo que imaginaba. Se culpa por todo lo sucedido, y es posible que su irresponsabilidad desempeñara un
pequeño papel en el desarrollo de los hechos, pero él no fue el responsable directo. Él no conducía el
coche que atropelló a Pedro. Y tampoco conducía el coche que llevaba a las dos niñas dentro. Él no
quería casarse, y quería ser un buen padre. Hay demasiados «y si» y demasiados «peros». ¿Y lo de
Sarah? Eso me ha dejado hecha polvo. Tuvo una hija con Carmichael pero estaba enamorada del
sobrino de su novio. Joder, qué complicado es todo. Por fin conozco la verdadera naturaleza de la
extraña relación que mantienen. Él se siente tremendamente en deuda con ella. Es cierto que no tiene
nada, y después de haber perdido a su hija y a su pareja, buscó consuelo en La Mansión, igual que lo
hizo Pedro. Dos almas torturadas que ahogaban sus penas con látigos, sexo y alcohol, pero nunca el
uno con el otro. Aunque eso fue decisión de Pedro, no de Sarah.
—Has pagado más que de sobra. —Mis ojos se centran en su estómago.
Ha pagado tanto física como mentalmente, y todo eso ha convertido a mi marido en un
controlador neurótico ahora que tiene algo que le importa otra vez.
A mí.
—¿Cuándo te hirió la vez anterior? —pregunto. Necesito esa pieza final para completar este
inmenso puzle.
—Cuando Rosie murió, hizo todo lo posible para intentar hacerme ver que nos necesitábamos el
uno al otro. Siempre había sido un poco impredecible, pero al ver que yo seguía rechazando sus
intentos, empezó a comportarse de una manera errática. Estaba obsesionada hasta el punto de ponerse
a hervir conejos.1 —Me sonríe, como insinuando que he tenido suerte de no encontrarme ningún
conejito en la olla.
Sin embargo, no le devuelvo la sonrisa. Ha intentado matarlo dos veces. Eso no tiene nada de
gracioso.
—¿Se quedó embarazada a propósito?
—Puede ser.
—¿Y te apuñaló?
—Sí.
—¿Fue a la cárcel?
—No.
—¿Por qué?
Suspira de nuevo.
—Su familia le buscó ayuda y la mantuvo alejada de mí a cambio de mi silencio.
—¡Pero mira lo que te hizo! —Señalo su vieja cicatriz—. ¿Cómo pudiste dejarle pasar eso?
—Es bastante superficial. Esta vez lo ha hecho mucho mejor. —Baja la vista para mirarse el
estómago.
—Ni siquiera fuiste al hospital, ¿verdad? —Estoy horrorizada. Es una cicatriz bastante
desagradable, y de superficial no tiene nada—. ¿Quién te cosió?
—Su padre. Era médico.
—¡Joder! —Me dejo caer en la silla—. ¿Y dónde estaban tus padres cuando sucedió todo eso? —
Parezco la típica bruja echándole la reprimenda pero, joder, ¿cuándo acaba esto?
—Ya habían vuelto a España.

GRACIAS POR LEER! ♥

6 comentarios:

  1. Woooooowwwww, demoledores los 2 caps de hoy!!! Excelentes Jesy!!!

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  2. Gracias Jesyyyy ¡¡ que terrible las cosas q le pasaron a Pedro

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  3. Muy fuertes los dos capítulos!! Pero ahora ya despert´y eso es lo importante!! muy terrible lo que sufrió Pedro!! @AmorPyPybb

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  4. wow que intenso!!! buenísimos los capítulos!!!

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  5. wooo muy buenos cada ves mejor me encanta besos espero el siguiente

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  6. wow q intensos los capitulos, no veo la hora de leer los q siguen, esta atrapante la nove.

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