viernes, 28 de febrero de 2014

Capitulo 10 ♥



Vuelvo a la oficina y me paso el resto del día sin hacer absolutamente

nada. Jugueteo con el boli, voy al baño quince veces y finjo escuchar a

Tom hablar sin cesar del Orgullo Gay y todo lo demás. Mi teléfono suena

cuatro veces —y las cuatro resulta ser Pedro Alfonso— y rechazo todas y cada

una de las llamadas. Me asombra la persistencia de ese hombre, y la

confianza que tiene en sí mismo.

¿Cuánto gritaría?

¡Estoy perpleja!

Soy feliz, estoy disfrutando de mi libertad y no tengo intención de

modificar mis planes de seguir soltera y sin compromiso. No voy a liarme

con un extraño, por muy guapo que sea. Y lo cierto es que está para

chuparse los dedos. Además, es demasiado mayor para mí y, todavía más

importante, está claro que ya está pillado, lo que hace aún más evidente el

hecho de que es todo un donjuán. No es la clase de hombre por la que me

conviene sentir atracción, caramba, y menos después de Matias y sus

infidelidades. Necesito un hombre que sea fiel, protector y que cuide de

mí. Y a ser posible que tenga mi edad. ¿Cuántos años tendrá?

El teléfono me informa de que tengo un mensaje de texto y doy un

salto que me saca de mis cavilaciones. Sé de quién es antes de verlo.

"No es agradable que te rechacen. ¿Por qué no me coges el teléfono? Bs, P"

Me río sola, lo que llama la atención de Victoria, que está rebuscando

en el archivador que hay cerca de mi mesa. Sus cejas perfectamente

depiladas se arquean. No creo que ese tío esté acostumbrado al rechazo.

—Es Kate —digo a modo de explicación, y ella vuelve a rebuscar en

el archivador.

Debería ser obvio por qué no le cojo el dichoso teléfono. No quiero

hablar con él. Me pone de los nervios, me provoca demasiadas reacciones

y, para ser sincera, no confío en mi cuerpo cuando lo tengo cerca. Parece

que responde a su presencia sin que ni mi cerebro ni yo le digamos nada, y

eso puede ser muy peligroso.

Mi móvil vuelve a sonar y rechazo la llamada rápidamente. ¡Dame un

minuto para que responda! ¿Acaso voy a responder? No voy a librarme

nunca de él. Necesito mostrarme implacable.

Si tiene que hablar de las especificaciones, debería llamar a Patrick, no a mí.

Toma. Sin firma y, desde luego, sin beso. No se lo he deletreado, pero

debería captar el mensaje. Dejo el móvil en la mesa, decidida a hacer algo

productivo, pero vuelve a sonar. Lo levanto de inmediato y, con la mano

libre, cojo el café.

"Mis especificaciones son hacerte gritar. No creo que Patrick pueda ayudarme con eso.

Me muero de ganas. ¿Crees que tendré que amordazarte? Bs, P"

Me atraganto y escupo el café sobre la mesa. ¡Será descarado! ¿Hasta

dónde llega la desfachatez y la desvergüenza de un hombre? ¿Me ha

tomado por una chica fácil o algo así?

Pongo el móvil en silencio y lo aprieto asqueada contra la mesa. No

tengo intención de contestarle. Si lo hago, lo estaré animando. Existe una

línea muy fina entre la confianza en uno mismo y la arrogancia, y Pedro

Alfonso la supera con creces. Siento lástima por la pobre morritos carnosos.

¿Sabe que su hombre se dedica a perseguir a mujeres jóvenes?

La pantalla del móvil se ilumina de nuevo. Lo cojo y lo apago antes de

que nadie se dé cuenta. Abro un cajón, lo meto dentro y cierro de golpe.

Captará el mensaje.

Intento sacar adelante algo de trabajo, pero estoy demasiado distraída.

En mis correos electrónicos aparecen palabras extrañas —que no tienen

cabida en la correspondencia profesional— mientras tecleo en el

ordenador, ausente. Suena el teléfono de la oficina.

Levanto la vista y veo que Sally no está en su mesa, así que lo cojo yo.

—Buenas tardes. Rococo Union.

—¡No cuelgues! —dice a toda velocidad.

Me yergo en la silla. Incluso su tono de urgencia me pone la piel de

gallina. No va a ceder. Está muy curtido.

—Paula, lo siento. Lo siento mucho.

—¿De verdad? —No puedo ocultar la sorpresa de mi voz. Pedro Alfonso

no parece la clase de hombre que se disculpa porque sí.

—Sí, de verdad. Te he hecho sentir incómoda. Me he pasado de la

raya. —Parece sincero—. Te he molestado. Por favor, acepta mis

disculpas.

Yo no diría que su atrevimiento y sus comentarios me hayan

molestado. Me han dejado a cuadros, más bien. Supongo que hay quien

incluso admiraría la confianza en sí mismo que tiene.

—De acuerdo —digo vacilante—. ¿Así que ya no quiere hacerme

gritar ni amordazarme?

—Pareces decepcionada, Paula.

—Para nada —le suelto.

Hay un breve silencio antes de que él vuelva a hablar.

—¿Podemos empezar de cero? Nos centraremos en lo profesional, por

supuesto.

Ah, no. Quizá lo sienta de verdad, pero eso no elimina el efecto que

tiene sobre mí. Y tampoco se me quita de la cabeza que todo podría ser un

plan para camelarme y así poder perseguirme a gusto.

—Señor Alfonso, de verdad que no soy la persona adecuada para este

trabajo. —Me doy la vuelta en la silla para ver si Patrick está en su

despacho. Así es—. Señor Alfonso, ¿le paso con Patrick? —Rezo

mentalmente para que pille la indirecta.

—Llámame Pedro. Me haces sentir mayor cuando me llamas «señor

Alfonso» —gruñe. Cierro el pico cuando mis labios se abren y casi se me

escapa la pregunta. Todavía siento curiosidad, pero no voy a volver a

preguntárselo—. Paula, si te hace sentir mejor, puedes tratar con John. ¿Cuál

es el siguiente paso?

¿Sí? ¿Me haría sentir mejor? Todo lo que Alfonso tiene de atrevido, lo

tiene el grandullón de intimidatorio. No estoy segura de que me sintiese

más cómoda con su oferta de tratar con John en vez de con él, pero el

hecho de que esté dispuesto a hacerlo me dice que de verdad quiere que yo

me encargue del diseño. Me imagino que es un cumplido. La Mansión

quedaría genial en mi portafolio.

—Necesito medir las habitaciones y hacer algunos bocetos. —Escupo

las palabras impulsivamente.

—Perfecto. —Parece aliviado—. Haré que John te acompañe por las

habitaciones. Puede aguantarte la cinta métrica. ¿Qué tal mañana?

¿Mañana? Sí que está impaciente. Resulta que no puedo. Tengo varias

citas a lo largo del día.

Y el miércoles tampoco puede ser.

—No puedo ni mañana ni el miércoles. Lo siento.

—Vaya —dice en voz baja—. ¿Trabajas por las noches?

¿Trabajo por las noches? Bueno, no me gusta en especial, pero

muchos de mis clientes están en sus despachos de nueve a cinco y no

pueden quedar en horas de oficina. Prefiero trabajar hasta última hora los

fines de semana. Nunca dejo que me convenzan para visitas en fin de

semana.

—Podría ir mañana por la tarde —digo pasando la página de mi

agenda para ver lo que tengo al día siguiente. Mi última cita es a las cinco,

con la señora Kent—. ¿A eso de las siete? —pregunto mientras anoto su

nombre a lápiz.

—Perfecto. Me gustaría decir que me hace mucha ilusión, pero no

puede ser porque no te veré. —No lo veo, pero sé que, seguramente, está

sonriendo. Su tono de voz lo delata. No puede evitarlo—. Avisaré a John de

que llegarás a las siete.

—Alrededor de las siete —añado. No sé cuánto tardaré en salir de la

ciudad a esa hora.

—Alrededor de las siete —confirma—. Gracias, Paula.

—De nada, señor Alfonso. Adiós. —Cuelgo y empiezo a darme

golpecitos con la uña en uno de los dientes de arriba.

—¿Paula? —Patrick me llama desde su despacho.

—¿Sí? —Giro la silla para verlo.

—La Mansión. Te quieren a ti, flor. —Se encoge de hombros y vuelve

a la pantalla de su ordenador.

No, Alfonso me quiere a mí.




GRACIAS POR LEER! ♥


3 comentarios:

  1. Espectaculares los 4 caps!!!! Quiero más jaja.

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  2. Wow buenisimos los capitulos,me encantaron!!!

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  3. Me encanta la adaptacion jesiii!!! Jajaja pedro que me manera de acosar a pau!!!
    @nadiaa2012

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